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El Hijo Mayor
Grotescos sentimentales enlazados por vestigios de humanidad.
Desde una puesta en escena muy interesante, a cuatro frentes, minimalista desde la carencia de escenografía, esteorotipando al máximo el género, a través de los severos y grandilocuentes registros de actuaciones, el director Alejandro Giles nos entrega un trabajo muy bien logrado. Este se potencia por la marcación certera de las traslaciones y acciones en un espacio muy reducido, y por las ajustadas interpretaciones del grotesco, a veces demasiadas exacerbadas.El tema es de una profundidad interna sentimentalista, la bondad y la honestidad de un hombre burgués ante un hecho inesperado.Através de un hecho fortuito se instala la idea del desamparo y la necesidad de afecto, de ser necesitado por el prójimo. La voluntad de amor de los personajes plasmados por Alexander Vampilov es necesaria desde sus sentires pero afónicas en su accionar. Todos intentan recomponer sus espíritus fracturados por la muerte o el abandono. La incomodidad que les da la mentira los desnuda y los hace mas cercanos. Están inmersos en una singularidad: la falta de auto aceptación, recorren historias de desapegos y abandonos, hasta que el destino les da la posibilidad de ese alguien cercano que los completa.
La dirección de actores es certera y precisa, la hilaridad de las actuaciones y las controversias marcadas por el grotesco crean momentos desopilantes que nos divierten.La sucesión de acciones es intensa y la manera que van transitando le da a la puesta una velocidad que la hace ágil y entretenida
Destacable puesta de luces, que nos da una idea de exterior muy bien lograda.
Buena performances de un elenco juvenil que nos da una grata sorpresa.

