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El Mal de Évora
Te, pinturas y Bang, Bang.
Anclando vislumbres de glamour, un melodrama misterioso conjugado con un policial negro danzan sobre un tríptico escénico visualmente seductor.
Argentina, década del 50, un mito macabro se fusiona con una puesta cinematográfica, mientras que la posesión de una extraña obra de arte que causa la muerte, sirve de chantaje para extorsionar un romance.
Todas estas fusiones atractivas son las que forman un sentido dislocado y hechicero dentro de una puesta que se dispara en tres escenarios en donde la angustia y la codicia, se instalan como sentimientos fascinantes que nos atraen; “la realidad no resucita se inventa a si misma , la historia se repite y se proyecta” rezan como una oración los personajes trágicos de El Mal de Évora, una plegaria que nos vuelve a incitar, una y otra vez , hacia la idea de los sueños y las metáforas ligadas a la circularidad del destino.
A través del disparate y las extravagancias de los personajes la obra se instala también en el humor, de una manera acertada que nos entretiene y disipa. A su vez la obra cuenta con un sin fin de fuentes, que se unen para dar sentidos interesantes, el cine negro, la comedia argentina, reuniones de señoras cínicas, un cadáver histórico y el ejercito y sus lenguajes de maniobras patéticas para contar historias de cowboys y Nosferatu.
Todas estas intenciones son fusionadas de una manera precisa por la directora y dramaturga Fiorella De Giacomi, por su fidelidad al querer contar y su buena orientación en la configuración de los personajes. Una obra atrapante y sorprendente en el circuito off de nuestra ciudad , una propuesta diferente que nos absorberá hacia un mundo de calendarios justicialistas .

