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Km 228
una controvertida obra dramática representa al mundo marginal de los personajes de ruta y plantea interrogantes acerca de la sexualidad, la angustia de la vida moderna y las dificultades para relacionarse con el otro.
Un punto exacto al costado de una ruta argentina, “Kilómetro dos veintiocho” presenta un mundo desolado, perdido, marginal. Un espacio olvidado por los tiempos lineales de la ciudad, pero sin poder recurrir a las rutinas cíclicas del campo. En este espacio fronterizo se desarrollan las situaciones cotidianas de los sujetos que no están en ningún lugar: una madre resignada y su hijo inútil, dos obreros que demoran en cambiar un cartel, un vendedor de cervezas, una prostituta sometida y una maestra rural. Es importante mencionar las excelentes actuaciones de todos los actores, que, a pesar de que interpretan roles muy difíciles, logran recrear personajes sumamente creíbles.
La escenografía hiper-realista reconstruye el lugar de paso por excelencia: por un lado, la casita de choza donde vive la madre con su hijo, y por el otro, el cartel de chapa, siempre inconcluso. El ruido de los autos al pasar entrecorta los diálogos de los personajes anunciando la imposibilidad de la comunicación. Cabe destacar el recurso del sonido y la musicalización. La iluminación ayuda a recrear un ambiente trágico y desolado.
Arrojados al mundo, en la incertidumbre de no pertenecer a ninguna parte, los personajes deambulan sin poder establecer relaciones amorosas, ni siquiera complicidades. Entre la prostituta y la maestra hay pura continuidad: “las mujeres son putas que se cansaron de esperar”, le dice una a la otra. Entre la heterosexualidad y la homosexualidad tampoco hay límites claros: dos hombres se tocan por primera vez, no hay encuentro sino soledad.
La obra despliega una serie de situaciones que funcionan como un sistema en sí mismo. La madre se va de la casa y le dice al hijo “Vuelvo en 9 porrones”, y las cervezas funcionan como unidad de medida del tiempo. La prostituta ofrece “una mamada por dos pesos”, el sexo se confunde con la violencia, un lugar que nadie se tomó el trabajo de nombrar y entonces quedó KM 228.
Con una muy trabajada puesta en escena “Kilómetro Dos Veintiocho” es una excelente oportunidad para ver un espectáculo comprometido, profundo y dramático.

