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Lúcido
Abordando la irrealidad de la sugestión irónica.
Existe una particular atracción hacia las producciones de Rafael Spregelburd y esa particularidad se fundamenta en la capacidad interpretativa de un realizador único, original y estimulante.
Será su dramaturgia en donde se deslizan distintos niveles de lectura, su capacidad de dirección de actores sobre cuerpos muy dotados que expresan desde lo físico, la palabra y el sentimiento o los textos interesantes que Spregelburd mismo diseña, tal vez su capacidad de ironía, que nos hace reír, pero no es cómica, que lleva a esta obra de más de tres temporadas en cartel y de creación inicial en Cataluña a seguir convocando mas espectadores.
La obra se plasma sobre el alma interna de un departamento minúsculo donde los objetos se desprenden de una imagen de identidad rutinaria (electrodomésticos, bicicletas fijas, sofás, escaleras) para transformarse en elementos de fundamental apoyatura para el hecho ficcional de la trama.
Dentro de esa capsula urbana miembros de una familia disímil, incomunicados entre sí, lejanos, pero muy cercanos, egoístas y muy humanos transitan con la seguridad de los razonamientos que los hacen carne: la ilusión de un sueño que los hace vivos o muertos infelices o felices, todo en la mente de uno de los interpretes.
La historia se dispara a través de un conflicto morboso: la devolución de un riñón transplantado, de un hermano a otro que viene a reclamar su garantía. De allí surgen miles de acciones, mentiras y transformaciones que dinamizan el tiempo y la realidad que tratamos de asir, pero el entendimiento de este motor creativo esta más próximo al deleite del hecho teatral, a la funcionalidad del conjunto de acciones que al raciocinio simple de una congruencia digerible.
Los actores realizan un trabajo sobresaliente, con el cuerpo, sus dislates, cambios de humores, y su transcurso en los sueños, son creíbles en todos sus estadíos. Es sorprendente la capacidad física y de palabra que desarrollan en esta obra de casi dos horas.
La puesta de luces ayuda en esta especie de alteración de la realidad, donde un lavarropas se transforma en un haz de luz de un plato volador y demás bellezas, además de marcar siempre la instancia de lo soñado desde un claroscuro interesante
La calidad y la belleza de un género se ven en sus más bellas representaciones y aquel que guste verdaderamente del Teatro, no debe perderse Lúcido.
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