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La Bahía de San Francisco
La escena de “Vértigo”, película de A. Hitchcock, en la que Kim Novak se “suicida” en la bahía de San Francisco y Jimmy Stewart la salva, es el disparador de este imperdible espectáculo creado, dirigido e interpretado por Luciana Acuña y Fabián Gandini.
La obra es un ensamblaje en el cual el resultado final está postergado casi hasta último momento. Vemos a estos dos artistas en su proceso de ensayo y puesta en escena. Durante su desarrollo nos vamos involucrando con sus métodos de trabajo, con cada uno de ellos, con su vínculo, con su arte.
En el transcurso de una hora por reloj, la obra nos habla de lenguajes, de la traducción de un mismo material de un lenguaje al otro, de lo relativo del tiempo, de la construcción de distintos niveles de realidad (lo cual dialoga con la obra de Hitchcock, que también cuestiona la construcción de la realidad)
Los lenguajes que se interrelacionan son el cinematográfico (una laptop nos muestra la escena de la película), el lenguaje de la danza contemporánea (una secuencia de movimiento que cuenta la escena), la palabra (una descripción plano a plano de la escena).
Los niveles de realidad que se articulan son el de los personajes que ensayan obsesivamente esta secuencia; el de los personajes de la película (Madelaine y Scotty); y el de los actores/bailarines/coreógrafos/directores que repiten domingo a domingo este fabuloso espectáculo en El Camarín de las Musas.
La propuesta visual (escenografía y vestuario de Mariana Tirantte) es despojada, funcional al “ensayo”: 3 sillas, que los actores van moviendo de un lado a otro de acuerdo a las necesidades del ensayo; una pata con la cortina corrida, dónde vemos un perchero con la ropa de los personajes de la película, y hojas pegadas en la pared que los actores consultan como guía de trabajo; una mesa con la computadora, y la consola de luces, que operan ellos mismos; otra pata que tampoco es usada como pata sino como off; un micrófono de pie, que utilizan para grabar textos, que después escuchamos en distintos momentos; dos relojes, el de arriba marca la duración real de la obra, el de abajo es el que usan para marcar la hora en la que transcurre la escena, a las 12 en punto.
La imagen inicial es potente, dos actores (Luciana Acuña y Fabián Gandini) en traje de neoprene diciendo, cada una a su tiempo, exactamente el mismo texto en un micrófono de pie. Desde el principio queda claro que lo que importa no es la escena en sí, sino la forma en que ellos la construyen y deconstruyen. Nos muestran las partes: la grabación del texto que describe la escena, la secuencia de movimientos de ella, la de él (primero las escuchamos, más tarde las vemos), la música original de la película, la imagen de la bahía ploteada en una tela de fondo, el vestuario, los textos originales traducidos al castellano, la “actuación”, los efectos.
Estas partes se van ensamblando en un montaje que dialoga con el lenguaje cinematográfico (puntos de vista, distintos ángulos, fuera de campo, elementos elipsados). Como en el cine, y como en cualquier construcción, son partes de un rompecabezas que ellos deciden no mostrarlo armado sino en constante proceso de montaje.
Las actuaciones son desafectadas la mayor parte del tiempo, dos artistas de oficio ensayando, aunque también “representan” una escena, actuando en el código de la película, con la música original y el vestuario, pero en algún momento esto se interrumpe porque ella le hace acordar a él algo que se olvidó de decir. Utilizan la frontalidad pero no incluyendo al espectador, es casi como si el público se hubiera colado en un ensayo. Salvo al final, cuando Gandini habla a público, desenmascarando y mostrando el artificio de la construcción.
Cada diez minutos el reloj vuelve a las doce, repiten la secuencia, agregándole elementos, con distintas consignas que se autoimponen, nos muestran sus juegos, sus “tropiezos”, sus hablidades, su obsesión.
Una propuesta muy interesante, con momentos logrados de humor, excelentes momentos de interpretación, de química actoral y destreza, que invita a la reflexión sobre realidad y ficción, sobre lenguajes y metalenguajes, y sobre la construcción del hecho artístico.
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