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La Mecánica del Sol
Félix Laiño, maestro de periodistas, supo decir en sus brillantes charlas que el Periodismo murió el día en que apareció la televisión.
“La Mecánica del Sol” aborda algo subrepticiamente la forma y el fondo de cómo el periodismo observa, aborda e interpela la realidad que nos atraviesa en el día a día. Monse (Paula Staffolani) es una joven que recibe el 24 de diciembre en su casa a un bebé dentro de una heladera portátil. El pavor que la recorre la obliga a pedir ayuda a su vecino Alambra (Jesús Villegas) quien tiene herramientas para encauzar lo que el extraño destino les puso en el camino. Cortes cinematográficos dominan cada escena, sobrevolada por música de ambiente festivo propia de la navidad que se avecina, o un tema de Raphael que viene a darle frescura con la presencia del jovencito Golem (Sebastián Ezquerra) que aparece no contaminado por ese mundo de “adultos”. Monse y Alambra deciden que llamar a la prensa será la tabla de salvación para sortear la angustiosa relación que los domina. Oprah (Cynthia Ferrero), la periodista, recorrerá comportamientos que van desde lo contemplativo y distante, hasta la sordidez y el desequilibrio, logrando así aumentar el desconcierto. La dramaturgia (Alfredo Staffolani) no elige el ni un manifiesto con ropaje grandilocuente, ni un discurso aleccionador, tampoco un mar de palabras que tranquilamente se ajustarían a la realidad para contarnos como la prensa suele hacerlo día a día. Elige certeramente una narrativa austera, simple y contradictoria que rápidamente nos sumerge en ese pequeño manicomio que es la patética situación. Dicha contradicción se ve reflejada en cuerpos cuyas acciones se divorcian del texto y establece un mecanismo creíble en todas las composiciones, cuya dirección apostó acertadamente a esos mecanismos que le dan coherencia a la apuesta. De esa manera el relato logra mostrarnos con precisión la realidad con la cual vive el periodismo y como ello nos modifica al refractarse en nosotros.
Generalmente en la mayoría de las noticias, pero más aun en un “último momento”, la realidad es atomizada, yendo por una una sola vía y dejando afuera las múltiples capas que la construyen. La dirección (Alfredo Staffolani) eligió para representar dicha realidad una puesta minimalista, y un cambio en la atmósfera con luces blancas y luego de colores, sumado a música siempre presente, construyendo con ello un relato independiente de la narrativa, y cuando estas se unen potencian la sensación de extrañeza que los gobierna.

