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La medida de la normalidad
"Cada tipo de sociedad fabrica su propia clase de extraños y lo hace de un modo inimitable" (Zygmunt Bauman).
Sobre esta aseveración se monta la directora Graciela Camino para proponer visualmente un espectáculo no del todo logrado.
Vinculados por la sangre o el destino, los protagonistas de la historia habitan un espacio común. Una casa, un vientre, una utopía destinada al fracaso. Despliegan una secuencia de ritos familiares y prácticas domésticas que ponen al descubierto el entramado de las relaciones de poder y sometimiento en la entraña familiar.
Pero el formato para desarrollar esta historia no es claro. En el inicio de la obra, y mientras el público ingresa al pequeño espacio teatral, se aprecia a ocho actores que parecen bailar con ritmos desenfrenados, como si sufrieran de espasmos o como si estuvieran conectados a un sistema de corriente de alto voltaje que los impulsa sin solución de continuidad a bailotear sin otro sentido que el de moverse.
Tampoco es claro el sistema elegido para desarrollar oralmente la trama, susurros tan perfectamente susurrados que es imposible saber qué están manifestando.
Es una pena que varios pasajes del texto se expresen a muy baja voz, pues la idea de la propuesta sí es interesante: mostrar como el aparato ordenador de la conducta social, la política inmigratoria, el desprecio por el diferente, la manifiesta discriminación por conductas sexuales no aprobadas por la barbarie religiosa que fueron modelando un mundo hipócrita y mezquino.
La familia, llamada núcleo esencial de formación y contención, es un símil lógico de la sociedad toda. Allí se gesta la vida, se la modela a gusto y necesidad de factores de poder y se condiciona desde ella la existencia misma.
La libertad no es un don divino sino un bien apreciado por quienes en mayor medida carecen de ella.
La falencia entonces que debilitan esta puesta están asentadas en dos pilares, uno de la dirección que no llevó a pleno el conflicto y otro el de algunas actuaciones que en beneficio del producto final deberían ser corregidas.
No escapa a la atención el hecho de haber sido invitados, como medio, a un estreno lo que bien pudo generar tensiones no resueltas en el elenco, que de subsanarlas podrían valorizar una idea general muy interesante.
Se logra por momentos crear un clima de encierro y ahogo muy propicio para el desarrollo de la historia y este sí es un acierto de la dirección.
El vestuario es junto al maquillaje y la iluminación aciertos destacables.

