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Melodía para seis sombras
Un espectáculo concebido a partir de cuadros de Edvard Munch.
“Melodía para seis sombras” es una excelente obra de teatro, de teatro genuino, con actuaciones sólidas, con una puesta en escena casi impecable, dónde el espectador ingresa de la mano de cada una de estas seis mujeres a un mundo cargado de tensiones y es llevado por ese mundo en una atmósfera pesada que nunca pierde interés y que atrapa definitivamente con su misteriosa historia.
Como en la obra de Jean Paul Sastre “A puerta Cerrada”, los personajes se verán obligados eternamente a comenzar una y otra vez con este extraño juego sin fin.
Los cruces afectivos ganarán en intensidad gracias a las actuaciones de Sonia Boll en el papel de Ingrid, elegante y distinguida es la hermana que regresa de un viaje de exilio forzado con su actitud de mujer del mundo. Patricia Durán, muy convincente como Karem, vivirá siempre al borde de un ataque de asma o cualquier otro recurso para ganar la atención. Sandra Barbale, debería exigirse más en su composición de Greta, la tercera hermana de sangre que intentará tomar el control de la finca familiar.
Sumados a este trío veremos a Graciela Clusó en una impecable composición de Ana, la mucama tímida que marcará uno de los momentos mas festejados cuando desde su inocencia descubre que es posible que alguien haya fotografiado y visto a mil hombres desnudos; Maria Eugenia Álvarez, de sutil actuación, como Alma, la media hermana hija de una antigua mucama, que luchará junto al bando de las débiles por la posición social en la lucha por quién manda y quién obedece; y Malala González, que compone con gran vigor interpretativo a Mora, la mucama dueña de secretos inconfesables, la última amante del señor de la casa que tuvo el “privilegio” de verlo morir en su lecho tras una noche de pasión. Y será justamente Mora quien decidirá el destino de las seis mujeres.
Y también “veremos” a partir del relato de cada una de estas mujeres la omnipresente figura del padre, un hombre que rigió sus destinos, modelo sus existencias y de un modo muy claro y perverso condicionó el resto de sus vidas.
Los directores Levy-Daniel y Pando no solo acertaron en la dirección de las actrices sino que también es muy efectiva la puesta en escena; la ambientación de esta casa oscura, el clima tenso y atrapante, gracias al diseño de iluminación de Marcos Pastorino, la muy adecuada música original de Cecilia Candia y el vestuario y escenografía ampliamente útil de Alejandro Mateo, a lo que hay que sumar como un aporte muy importante el diseño coreográfico de Teresa Duggan; todos contribuyen para dar como resultado una excelente obra de teatro absolutamente recomendable.

