Ni la más puta
Fernando Peña por Fernando Peña
Dice Fernando Peña que cada vez que le hacen un reportaje siente algo así como una extraña claridad mental… porque "me voy explicando… a mi mismo"
Este espectáculo presentado en El Cubo es una retrospección en su carrera. Peña toma todas las decisiones, desde la estética pasando por el vestuario, la puesta, cada canción interpretada, el afiche, el estilo interpretativo, todo, absolutamente todo. El resultado es Peña y sus estados, sus ciclotimias, sus ganas o no de estar ahí, sus caprichos, como por ejemplo instalar en el escenario a un joven que más allá de tener incidencia en su vida privada poco o más bien nada aporta con su presencia. Apenas será una excusa, como para no estar más solo que siempre.
Dice Peña al inicio que los críticos se equivocan cuando creen que lo que pasa en el escenario es más importante que lo que suceda en la platea. Particular forma de ver esta cuestión; es probable que si sobre el escenario "pasa" algo "abajo" también suceda en consecuencia. Tal vez esto explique porque buena parte del público (poco más de 120 personas) haya suspirado de aburrimiento, alguno se haya quedado dormido y otros transitaran la larga hora (demasiado) murmurando, o comentando "cosas" de la vida…
También los hubo quienes se pusieron de pie para aplaudir al "genio" convocante; a Peña se lo ama, se lo odia, se lo sufre o se lo ignora, como el mismo dice en la misma proporción en que este los ama, los ignora, los agrede, o los sufre.
En esta oportunidad se cuidó muy bien de no molestar a ese publico tan susceptible que muchas veces terminó atacándolo como resultado de sus acciones.
De la propuesta no hay mucho para decir; Peña trae a Mario Modesto Sabino, uno de sus más apreciadas criaturas, que sin embargo no mostró toda su sabiduría, la que lo posicionó como un personaje altamente inteligente, en su sencillez.
Aparecerá también La Mega recordando su trágico inicio a los 13 años y su paso por un psiquiátrico. Allí se muestra el momento de mayor hilaridad entremezclándose con el público, usando los recursos técnicos, de por si muy buenos, con los que cuenta la sala, creando clima de espectáculo, lástima ese denso momento con el chinchulín o molleja, según las circunstancias, personaje con quien interactúa personificado por "el Joven" trasvestido, abúlico, innecesario. Es justo aclarar que el joven en cuestión no tiene la culpa de que se lo someta a semejante exposición y esto es también responsabilidad de Peña.
Peña entona canciones, intenta educar sobre como debe ser amado por el joven en cuestión. Silvio Cattaneo acompaña desde la guitarra adecuadamente los intentos sonoros del solista.
La luz, el vestuario, los técnicos, los asistentes, acompañan, sirven, satisfacen las necesidades del actor, y este logra por momentos un buen clima y también logra en otros pasajes irritar; seguramente esto también sea parte de la historia.
Peña, el de la radio, el genio de las frases, los pensamientos, las ideas lúcidas, el de los personajes extraordinarios, se manifiesta justamente a través de estos; deberíamos acostumbrarnos a que Peña es así y como el mismo lo dice "no pensemos en la radio" porque " Ni la más puta" es… otra cosa.
Vaya si lo es...