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Otelo, campeón mundial de la derrota
En el Sportivo Teatral se realiza este espectáculo de Alberto Ajaka que retoma el clásico de William Shakespeare.
Trabajar con un texto clásico no es tarea fácil. No sólo hay que tener en cuenta la materialidad del texto en sí mismo y la red de significados que establece con otros , sino también su tradición y su historia cultural. Cuando nos referimos a Shakespeare la tarea parece complicarse aún más.
“Otelo, campeón mundial de la derrota” es una obra dirigida por Alberto Ajaka que trabaja en base a la obra de William Shakespeare, “Otelo, El Moro de Venecia”, a partir de la cual realiza su propia versión. En la pieza, se mantiene la estructura argumental del clásico inglés, los personajes principales, el tono trágico y algunos elementos propios del género como la direccionalidad de algunos textos hacia el espectador a modo de explicación. La apuesta que realiza Ajaka es transpolar el argumento original a una situación contemporánea y convertir a Otelo en un campeón de boxeo. Toda la acción trascurre en un gimnasio donde no sólo los personajes se entrenan para las distintas peleas, sino también es allí donde se sucede la trama clásica y el plan siniestro de Yago, el villano.
Es la dramaturgia la que determina toda la pieza y estructura todo el resto de los componentes dramáticos. El texto original es reducido a pequeños fragmentos y es intercalado con bloques que si bien en ocasiones mantienen el tono discursivo original, remiten a la situación contemporánea que los clásicos personajes transitan en esta ocasión. El registro se quiebra y las formas personales se vuelven cotidianas. Si bien la combinación de estos registros es sin duda el rasgo más llamativo de esta pieza, no llega a producir un efecto de sentido determinado. Todo se convierte en artificial, el choque entre el Otelo de Shakespeare y el Otelo boxeador desorienta y en el transcurso de la obra, se pierde el efecto del primer extrañamiento. Es esta artificialidad la que produce que el espectador olvide su atención en el texto (incluso el del propio Shakespeare) para detenerse en otros aspectos de la obra.
La actuación es uno de esos aspectos. La artificialidad del texto produce el mismo efecto en las interpretaciones. El registro actoral se mueve entre la tragedia del texto original y los gags y el humor que se desarrollan a medida que avanza el espectáculo. A pesar de manejar estos dos extremos, da la sensación de que no se profundiza en ninguno de ellos, generando actuaciones por momentos superficiales y faltas de matices. A esto hay que sumar algunos problemas de dicción y volumen que hacen más dificultoso el seguimiento de los parlamentos. Una vez más, el resultado es desorientador.
La puesta en escena es otro de los aspectos que se evidencia como producto de la artificialidad textual. No parece haber una intención determinada en cuanto al diseño de puesta. Los personajes transitan por el escenario a veces evidenciando la marca de dirección, y otras de forma un tanto desprolija. En ese sentido, cabe destacar el trabajo de María Villar en cuanto a su manejo escénico y disposición corporal, que sobresale entre sus compañeros.
Además de la artificialidad antes mencionada como producto de la mixtura de dos textos distintos, aparecen otros elementos que intentan, con dudosos resultados, generar situaciones de humor o quiebres dramáticos: desde desnudos innecesarios hasta disparos, pasando por guitarras en vivo y canciones en inglés y alemán que muestran actores expuestos ante un no resuelto trabajo vocal.
En síntesis, “Otelo, campeón mundial de la derrota” es un espectáculo que no parece apuntar a un lugar concreto, donde el código teatral desconcierta y esta desorientación produce la caída de la atención. Sin embargo, cabe destacar el rescate del texto shakesperiano: los momentos en que éste aparece intacto son los más logrados de la obra. Evidentemente, Shakespeare sigue siendo un clásico.

