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Sin mí de él
“Sin mí de él” es una cripta y, al mismo tiempo un intento de apertura.
Claudio Ferrari plantea una búsqueda por exponer ese instante donde no hay tiempo ni espacio en el que el yo oculto, ese que nunca logra ser revelado, se revela a sí mismo en la angustia de la constante duda.
Las decisiones que asesinan lo no elegido. El amor que ilusiona, crece, ignora y mata. La incapacidad de amar. Los temores. El tiempo dado con el deber de usarlo sin saber bien cómo. El Dios paternal, el Dios que abandona, el Dios que pide sacrificios. La soledad. La perpetua soledad en la vida y en la muerte.
Cinco mujeres que son una encarnan las angustias existenciales de esa intimidad, de esa cripta que es el alma humana. Cada una de ellas, desaliñadas y vestidas en gamas que no alcanzan al rojo, son sólo un reflejo de posibilidades: “la que no pudo amarlo”; “la que lo amó”; “la que no lo amó”, “la que él amó” y “la que se ama”.
“Sin mí de él” es una obra ambiciosa de profundos e intrincados planteos existenciales en donde el discurso poético cobra relevancia por sobre la acción.
El espectador debe concentrar toda su atención en la comprensión de un texto de parlamentos largos y herméticos, una exigencia quizás difícil de sostener durante la totalidad de obra.
Las actrices, dueñas absolutas del escenario, logran la densidad que implica sumergirse en esa cripta y generan un clima de angustia y extrañamiento. Sin embargo, el ritmo cobra una cadencia monótona de una profunda tensión pero sin grandes variaciones.
El excelente trabajo de iluminación y el ajustado diseño coreográfico, sitúan al espectador frente a un espacio sin dimensiones, donde los cuerpos casi inertes se deslizan como fantasmas.

