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Soy Rocío
Sentimientos difusos en el corazón de la infamia.
A través de un prisma perturbado por la deshonrosa historia reciente, la obra nos instala en una historia pequeña que se dispara hacia pasiones ocultas de una realidad grisácea, la medianidad de la ilusión.En un descolorido habitáculo trivial, una familia disfuncional atraviesa un dolor de identificación, mimetizado con una época muy particular.El perfume adolescente de Rocío nos advierte de una vida que está a punto de generar un declive, una contorsión, entra golpeada a escena, como maniatada o vulgarizada por su inteligencia. La frustración debe cuentas anteriores en la resignación y se aloja como un tema intenso dentro de la escena. Es el motor que genera conflictos e interpone los encuentros en el tránsito de las almas, que se seducen desde la liviandad y la transgresión.Existe una tendencia a exacerbar el tiempo utilizado, en donde transcurren las acciones, en los 90, para instalar los sentimientos de los personajes contagiados por esa desdicha y ese delirio multicolor.Así, el tránsito de los personajes se torna centrado en esa adolescente, Rocío, tierna y golpeada, como un astro caprichoso alrededor del que los demás giran como un sistema.Los sentimientos se tornan difusos, por la irracionalidad de los mismos, la ingesta constante de alcohol siembra la estética de una familia enferma que nos abruma. La identificación es notable, dada la cercanía del tiempo, y la intensa atmosfera generada por las actuaciones.Una apuesta interesante la de esta reposición, a la altura de la calidad de la dirección, siempre sorprendente.

