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The Pillowman
Una apuesta interesante donde los actores muestran sus costados flacos y fuertes. Una obra desgarradora en su argumento.
Kanturian (Pablo Echarri) es un escritor que quedó al cuidado de su hermano retrasado Michal (Carlos Belloso). Ambos viven en un país bajo el régimen dictatorial. En el pueblo en el que habitan se han sucedido una serie de asesinatos de niños y la policía local ha encontrado un paralelo entre los cuentos de Kanturian y los crímenes. Kanturian y Michal son interrogados por dos policías Tupolsky (Carlos Santa María) y Ariel (Vando Villamil) en una comisaría oscura y condenados a morir fusilados sin juicio previo.
El maltrato y abuso infantil, sus secuelas y consecuencias son atribuidos a los cuentos que Kanturian escribe y éste, como todo artista oprimido, encuentra en su narrativa el espacio liberador que le permite seguir viviendo. Es por eso que defenderá a lo largo de la obra su arte con su vida misma.
La obra oscura del Irlandés Martin McDonagh, se sitúa en un país y en un tiempo indeterminado, que por los nombres de los personajes remite a los regímenes comunistas de hace dos décadas pero que el uso de picanas e interrogatorios también traza un paralelo con las dictaduras capitalistas. La opresión y la ironía surgen entonces como puntas de un mismo cordón y la dramaturgia va de un punto a otro de las emociones sin dejar de centrarse en el horror.
La puesta en escena y la dirección de Enrique Federman son un punto alto en la pieza ya que la acción se desarrolla en una comisaría olvidada que remite a una ratonera donde los personajes se asfixian y el espectador también. Las claves de las actuaciones están muy bien cuidadas generando rasgos particulares y creíbles.
Las actuaciones de Carlos Belloso y Vando Villamil son impresionantes, ambos actores dan clases de actuación en cada una de sus intervenciones, por su parte, Echarri y Santa María no desentonan con lo que la obra demanda, cargándose en los hombros momentos intensos y creíbles. Un desafío para los cuatro actores que salen airosos del riesgo. Una obra durísima en su tema, amarga en su definición, de buen texto, dirección y actuaciones pero que en un teatro tan grande como el Lola Membrives pierde intimidad en función de lo espectacular y entonces lo profundo queda un tanto desvirtuado.
Fanáticas de Echarri, abstenerse, el impacto del argumento tira abajo toda ilusión de galanteríos y metros sexuales … por suerte!.

