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Woyzeck, cuento redondo
Una apuesta compleja donde el espectador es llevado a distintos estados emotivos, donde el sentido está fracturado. Un espectáculo donde los detalles y el trabajo actoral son los principales protagonistas.
Una atmósfera opresiva y extraña. Un espacio enrarecido donde personajes deambulan misteriosamente. Canicas. Ruidos extraños que surgen de la garganta de uno de los actores. Un personaje de espaldas. Confusión.
Estos son algunos de los ingredientes de “Woyzeck”, espectáculo dirigido por Damián Moroni sobre el texto de Georg Büchner, que narra la historia de cómo un grupo de personajes logra ocasionar un asesinato como producto de la generación de un ambiente de opresión y tensión.
Más allá del argumento, el acierto de esta pieza se da en el plano de las sensaciones que continuamente genera. El trabajo en varios planos permite al espectador contemplar una puesta múltiple y compleja, donde los detalles son los protagonistas.
Si bien por momentos la acción cae para dar lugar al discurso, es notable el trabajo corporal y de composición de los actores: actuaciones complejas y bien construidas que logran mantener la atención en todo momento.
Otro aspecto destacable del espectáculo es la puesta en escena y el trabajo escenográfico, ya que otorgan un dinamismo fundamental para esta pieza y ayudan a generar un clima de extrañamiento y confusión.
“Woyzeck” es un espectáculo complejo, donde el sentido está diseminado y necesita la mirada activa del espectador para reconstruirlo. Sin embargo, su dinamismo y constante sorpresa producen que el espectador deje de intentar entender para ingresar en el plano de las sensaciones y el deleite.

