Yo soy mi propia mujer
Dirigido por Agustín Arezzo, Julio Chávez se pone en la piel de un paradigmático coleccionista alemán en una obra en la que trasciende los límites escénicos.
“…Pero vosotros, cuando lleguen los tiempos
en que el hombre sea amigo del hombre,
pensad en nosotros con indulgencia …”
(Bertold Brecht.)
Partiendo de la vida de Charlotte von Mahlsdorf, coleccionista de muebles, relojes y fonógrafos de la época de Wilhem II, el espectáculo escrito por Doug Wright se traslada a la historia de Alemania desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta finales del siglo XX. Un país cuyos habitantes han tenido que soportar, además del hambre, las bombas y la desintegración social por la división de sus tierras por un paredón siniestro, la persecución y la opresión de nazis y comunistas.
En este marco, von Mahlsdorf, mientras se mostraba abiertamente travestido, creó un museo en Berlín, que aún sigue abierto, donde salvaguardó los objetos de arte y el mobiliario que rescató del conflicto. Por este aporte al patrimonio cultural germano fue distinguido con la Orden Alemana al mérito luego de la caída del muro. Sus años finales fueron muy controvertidos debido las acusaciones de complicidad con los Stasi (policía secreta alemana).
Con una puesta en escena que rescata los movimientos básicos para no interferir en la continuidad del conmovedor relato y en sus saltos históricos, Agustín Alezzo, (maestro de actores, director concentrado, uno de los más honestos hombres de nuestro teatro) centra todas las miradas en la construcción del personaje.
Julio Chávez, único actor de la pieza, trasciende los límites escénicos y además de trasladarnos a Berlín en tiempos de guerra, a la Alemania comunista, a la unificación, se sumerge en el desastre emocional de los hombres y mujeres que han tenido que transitar sus días en aquellos tiempos sombríos de locura, muerte y paranoia. Un trabajo actoral tan complicado y preciso que solo Chávez es capaz de abordar.
Es necesario ver la obra por su calidad desde todo punto de vista artístico pero sobre todo para reflexionar acerca de que la vida y la libertad son derechos que le han costado a la humanidad millones de seres valiosos y no hay políticas ni gobiernos que puedan justificar semejante pérdida.
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