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Palo Pandolfo


Palo Pandolfo acaba de editar Ritual Criollo, un disco muy alejado del rock pero bien cerca de la música popular argentina. Mezclado entre los comentarios del álbum, aprovechamos la ocasión para hablar de Don Cornelio y Los Visitantes… y de rock.

Palo Pandolfo

¿Cómo fue la génesis del disco?

 

En el 2003 grabé una demo llamada Intuición, que ahora está online y que a muchos seguidores míos les encanta y lo toman como un disco. Después hice Antojo e Intuición quedó suspendido, pero ahí estaba el germen de Ritual Criollo. Lo que pasa es que de Intuición quedaron solamente dos temas (N. de R.: Blanca Lucía y Argentina 2002)… Y en el 2004 nace mi segunda hija: es por eso que todo este material está atravesado por el amor, porque es como una nueva era en mi vida. Ahí es donde yo compongo la mayoría de los temas del disco. Todo está encadenado con todo, porque cuando yo me largué como solista en diciembre del ‘99 me había asociado con Fernando Lupano en contrabajo, y él me decía “lo tuyo es acústico: guitarra acústica, percusión, teclado y contrabajo”. Lupano a los dos meses se fue a España y no volvió nunca más (risas). Pero había empezado con él (N. de R.: luego fue reemplazado por Gonzalo Villagra en bajo) y Federico Gil Solá en batería. Yo en el 2000 compongo y grabo todo en noviembre, y de ahí surgieron temas como La nueva flor y Barrilete, que son bien rockeros y están incluidos en mi primer disco. El proyecto inicial con Lupano se me desdibujó a fuerza de la vida, de lo que va surgiendo, porque yo siempre me jacto de hacer lo que sale, sea con Los Visitantes, Don Cornelio y ahora: compongo y grabo lo que haya. Y así fue que A través de los sueños tiene a Todos somos el enviado que es un tema acústico, candombe, y después hay otros temas pesados, y es como una mèlange importante… Después, para Intuición, me dije “un disco tan ambicioso que a mí me supera necesita de un productor artístico”, y lo convoqué a Tito Losavio. Con él produjimos Antojo, y quedó un disco contemporáneo, con pistas, loops y bases electrónicas. Y finalmente esto, que es mi cuarto trabajo, ya que cuento a Intuición, porque los fans lo prefieren a Antojo porque dicen “Antojo es el disco que la compañía obligó a Palo a hacer…” (risas). Yo quise hacer Antojo y lo volvería hacer, porque más adelante quiero hacer Antojo 2 y llamarlo “Tanguero”… Bueno, finalmente Tito Losavio se va a Barcelona a principios de 2007. Y en un viaje a Cuba capitaneado por Lito Vitale en homenaje al rock argentino, donde yo metí el tema de Virus Pronta entrega, en el avión viajé con la delegación de Teresa Parodi. Y al lado mío estaba Raúl Gutta, que en ese momento era el baterista de Teresa y venía de tocar con Los Alonsitos. A partir de ese encuentro, con Raúl empezamos este proyecto que culminó en la grabación de Ritual Criollo. Raúl ni me conocía y yo le decía de mi necesidad de incorporar percusión a mi proyecto. Creo que ahí está el núcleo duro de Ritual Criollo, porque a mis experiencias metafísicas con la música de ancentros se suma un chabón que tiene peso específico en la música ancestral, porque toca folclore desde que nació y aparte es un guitarrista que toca chacarera, zamba, chamamé…

 

De paso me estás definiendo por qué el disco se llama Ritual Criollo.

 

Sí… Bueno, en un momento entró Tomi Lebrero a tocar el bandoneón pero después se fue. Pero queríamos a alguien con versatilidad, que tocara bandoneón, guitarra y cantara. Entonces Raúl me dice “conozco a un pibe que es de Curuzú Cuatiá y está desde hace seis meses en Buenos Aires y toca el piano y el acordeón y se llama Sergio Gutiérrez”. Digo: “uau, ¿no será darle mucho poder a estos culiaos?” (Risas). Y de repente, el grito de guerra de Sergio es “Aguante Bill Evans”, porque es un fan del jazz que muere por la salsa, el afro-latino y el jazz latino. Es un músico increíble: agarra el acordeón y quiere meter trecenas, novenas y acordes disminuidos (risas). Luego, con Gustavo Senmartin habíamos armado hace como cinco años atrás el cuarteto Garpamal junto a Rodrigo Guerra y Santiago Fernández. Con Gustavo veníamos trabajando, demeando y pasándonos ideas desde hacía un tiempo, y es el co-productor del disco… Conocí a grandes maestros de la producción, de los que aprendí mucho, como Andrés Calamaro, Afo Verde y Michel Peyronel.

 

Nombraste a Calamaro y recuerdo una frase tuya, no recuerdo si justo antes de salir Patria o Muerte (el segundo y último disco de Don Cornelio y la Zona, del año 1989), pero seguro que fue posterior a la publicación del disco debut, donde dijiste algo así como que tu voz sonaba “amariconada”.

 

Sí. Y aprovecho para aclararlo. Yo nunca estuve enojado con Andrés Calamaro: los que estaban enojados eran el resto de la banda. ¡Por favor! Yo lo amo a Andrés y siempre lo quise, y me hice muy amigo de él: después de las sesiones de grabación (del primer disco, titulado como la banda), en el ‘87, caminábamos juntos todas las madrugadas por la avenida Juan B. Justo. Los chicos de Don Cornelio sufrieron traumáticamente la producción de él. Yo no: aprendí un montón, incluso muchas cosas difíciles de la vida, ¡rocanroll men! (risas). Pero en ese momento me parecía que mi voz, antes de Calamaro, era de maricón, y al grabarme y escucharme me di cuenta de que era así. Porque en el ‘84 todos nos hicimos modernos; los ‘80 eran la era de la ambigüedad, todos queríamos ser andróginos y ambiguos, Bowie era el número uno y después venían Duran Duran, cosas totalmente amariconadas.

 

Podríamos decir que los primeros discos de Calamaro también lo eran.

 

Sí, todos éramos así, como Soda Stereo. Todos tratábamos de ser glamourosos, jugábamos con la ambigüedad, si no, no tenía onda. Entonces mi choque conmigo mismo no fue por la producción de Andrés sino por mí, que quede claro. Es más, cuando él produjo Espiritango, para mí fue una gloria. Yo lo llamé para que me ayude en mis discos solistas y quisiera laburar de nuevo con él (risas).

 

Y el resto de la banda estaba disgustado con él.

 

Yo creo que fue un poco la inexperiencia de la juventud de la banda, que no supo entender lo que significaba entregarse a un productor. Yo produzco y soy igual de tirano que Calamaro, como cualquier productor que se precie. Porque para producir hay que tomar el toro por las astas y decidir: es mi gusto, mi cara, mi nombre el que va a aparecer en el disco. Igual hay diferentes estilos de producción y gente más elástica o más permeable. Bueno, Calamaro en ese momento era una usina de poder, hizo Yo te avisé (Los Cadillacs), La muralla (Los enanitos verdes)… Yo fluía con la mejor. Aparte como yo soy déspota, si delante de mí tengo a un déspota me entrego. O sea, yo doy órdenes, pero si otro me las da las acato. Y Andrés Calamaro en ese momento para mí era un iluminado y lo que hizo fue genial. Él privilegiaba la primera toma, y eso fue lo que empezó a molestar a la banda. El saxofonista tocaba un solo y Andrés le decía “listo”. “No, pero me equivoqué”, le decía el saxofonista. “No, quedó buenísimo, listo”. Y yo también estaba de acuerdo: lo que vale es la primera toma, el resto es chamuyo. Y en Ritual Criollo hay muchas primeras tomas. Yo produzco a lo Calamaro (risas). Busco la espontaneidad, la furia, la fiebre… Él decía “el evento”, generar algo en el estudio, que pase algo, que te movilice. Y el chabón lo que hacía era movilizarnos y chicanearnos… Pasó que los chicos no lo entendieron. Aparte, algunos nos plegamos más a su ritmo de vida y otros eran más conservadores, o se cuidaron más. Y yo dije “sí, el rocanroll es así men, vamo’ con todo”. Yo hice Patria o Muerte gracias a que Calamaro me abrió un poco los ojos.

 

Ese disco fue todo primera toma, ¿no?

 

Sí, totalmente (risas). Era tremendo. Aparte nos dieron el peor horario porque la compañía ya nos odiaba. Arrancábamos a las diez de la mañana y nos parecía un insulto. Aparte el tetrabrick, el glamour punk que teníamos (risas). Era ginebra, tetrabrick y la poca merca que podíamos conseguir porque éramos pobres, o una tuca. Patria o muerte es uno de mis discos preferidos. También me gusta Salud Universal.

 

Salud Universal también tiene mucho de primera toma.

 

Lo que tenía Salud Universal es que lo grabamos en el ‘92 y nosotros estábamos tocando desde el ’90: teníamos dos años y medio de calle, de laburar en otras cosas y reunirnos tres veces por semana a ensayar y tocar los fines de semana para afiatarnos. Entonces ir al estudio fue marcar “un, dos, tres” y grabar, sin pre-producción. O mejor dicho, la pre-producción era el haber tocado mucho en vivo… Las canciones de Ritual Criollo tienen algo de vivo porque las tocamos durante casi un año antes de grabarlas. De los discos solistas, éste tiene una banda y muchos temas los resolvimos en vivo y es por eso que los pudimos grabar bien. Por ejemplo Amor (practico el ritual) lo volvimos a grabar en diciembre después de un año de tocarlo y descularlo, y recién ahí quedó bien, porque la primera grabación era un aborto… Salud Universal me gusta por eso, porque tiene mucho vivo, mucho de cagarse de risa con amigos.

 

Mi sensación es que ahora muchas bandas nuevas, aprovechando el fácil acceso a la tecnología, graban casi sin tener mucha experiencia en vivo.

 

Hace poco escuché a Juanse diciendo “esas bandas que sacan el disco y lo tocan cuatro veces al año, nunca puede sonar así un disco en vivo; para que un disco suene en vivo hay que hacerlo en vivo” (risas)… Los ’90 fueron complicados… Yo creo que el gesto artístico de los ‘90 desde lo que es la música popular para el público de jóvenes inter-fronteras, fue el rifle en la boca de Kurt Cobain. Esa fue la última respuesta del rock star. Ya está: morir en una bañadera con una sobredosis de heroína es demasiado romántico. Y no por nada Charly García se pintó el pelo blanco y como Kurt Cobain… Eso es un poco lo que estamos morfándonos ahora, el post-menemismo. Acá tuvimos como a una Margaret Thatcher argentina, o sea, derecha liberal. Es tremendo.

 

Ya que mencionaste al “post-menemismo”… En la canción cuartetera Argentina 2002 cantás “de qué sirve todo”, letra que relacioné con una declaración tuya de abril de 2003 donde decías “me interesa más hablar desde la propuesta que desde la protesta”… Pero la letra de este tema puede interpretarse en clave nihilista, ¿no?

 

Sí, yo lo llamo pesimismo activo (risas). Sí, es como nihilismo, está bien pensado. No sé si lo tomaría como una protesta o como una propuesta. Me parece más una protesta que una propuesta. Este tema no propone nada en sí, básicamente. Es como una protesta. Pero es más que una protesta, es pesimismo activo… Aparte hay un paneo de las actividades sociales porque hablo de criar a tus hijos o de ir a una orgía (risas). Está todo y no te sirve nada, digamos. Pero igual yo creo que lo esperanzador es el “se acabó” que dice al final. Y se acota: “Argentina 2002”. Igual mi mujer me carga y me dice “Argentina 2008” y un amigo me dice “Argentina año verde”. Argentina es como un lugar un poco pesimista.

 

Volvamos a Don Cornelio: ¿qué hay de la vuelta?

 

Mi manager Alejandro Taranto me pregunta lo mismo una vez al mes (risas). Es un cosa que siempre está ahí. Hace años que están las ganas de uno, de otro, de un productor, de un periodista, de un manager, de un baterista… El que más quiere de todos es el baterista (Claudio Fernández).

 

Y el que menos quiere es Federico Ghazarossian, ¿no?

 

Evidentemente, parecería ser que sí.

 

¿Entonces la reunión no es inminente?

 

No. Podría haber sido pero las cosas no se terminan de acomodar, hay como un rollo dando vueltas que no tiene ni pies ni cabeza pero que está instalado, que tiene más que ver con la pasión que con la razón… Igual todo se puede resolver mientras haya vida (risas).… Y si me muero, bueno, (risas) qué se yo, háganlo con Ariel Minimal (N. de R.: en una ocasión, en la época de Los Visitantes, Palo tenía una fractura que le impidió tocar en vivo y en su reemplazo fue invitado a tocar Ariel Minimal). Aparte: Roger Waters tocando El lado oscuro de la luna me cae como el orto. ¿Sex Pistols en Obras? Grotesco. ¿Soda Stereo? Qué se yo, no se los veía tan bien… Decime otra reunión, nacional o internacional.

 

Los Gatos, después de 40 años.

 

Sí, me gustó. Lo que pasa que… Nito Nebbia es un buen punto para hablar de política actual, porque él fue uno de los primeros que vio el Ritual Criollo. Nito es como uno de mis grandes referentes intelectuales en la música popular, porque se fue del rock al principio de los tiempos e hizo Huinca y otras cosas como “vamos negro, fuerza negro”, candombe, que es de alguna manera lo que estoy haciendo ahora. Y aparte él es peronista y rescató a Virgilio Expósito. Es un genio de la fuerza política popular ancestral artística y cultural. Él tiene derecho a hacerlo. Aparte no se llenó de guita…

 

¿Entonces no estarías dispuesto a reunir a Don Cornelio?

 

Más o menos. En lo personal no me convencen las reuniones. Si surgiera de una espontánea necesidad, de encuentros que se vayan dando entre la banda, y se componga y se toque, no tendría drama.

 

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