Estás en Entrevistas > Axel Krygier: “No hay nada que se haya estabilizado en mi vida de una forma rutinaria con los años”.
Axel Krygier: “No hay nada que se haya estabilizado en mi vida de una forma rutinaria con los años”.
Un alma inquieta, nómade, expeditiva, curiosa. Todo eso y mucho más coexisten en el maravilloso mundo de Axel Krygier. Un músico sin fronteras, y con mucho mundo todavía por recorrer. (Nota extraída de VZMAG Marzo)
Si uno pone en un buscador de Internet el nombre de Axel Krygier los resultados serían los siguientes: “Ex La Portuaria”, “Multiinstrumentista”, “Tocó con Soda Stereo” y, lamentablemente, no mucho más. Mucha gente y periodistas ignoran la capacidad y la habilidad como compositor que habita y convive dentro de él. Compositor de innumerables piezas musicales (muchas de ellas para danza), publicidad y bandas de sonido, el señor K es un fiel reflejo de su obra: cautivante, alegre, ecléctico y amable. Conozcan el costado más humano y terrenal de éste pequeño gran talento. Nosotros le ahorramos la búsqueda en el Google…
Estuviste en varias bandas, colaboraste con varios artistas… ¿En qué momento decidiste encabezar tus propios proyectos y tus ideas?
Yo estuve en muchos momentos distintos en la vida que me llevaron de un lado a otro. Lo que sí puedo decir que es como una constante en mi vida, es que he pasado siempre de dirigir un proyecto a participar en uno. He vuelto a dirigir y también a participar. Ahora de hecho me estoy yendo de gira con Gaby Kerpel, que me convocó y me pareció interesante el proyecto a viajar a Suiza a tocar. Me parece super divertido, además de que, como músico, me parece muy interesante. Entonces, una vez más me vuelvo a sumar al proyecto de otro. Pero no es para que dure mucho tiempo. Sí creo que estar mucho tiempo en un proyecto de otro es algo que no me resulta positivo. Demora todo lo que tenés para decir. Cuando La Portuaria no existió más, ahí empecé otra vez a retomar mis proyectos. En realidad, más que la decisión de retomar fue que, el material que tenía… me excedía los límites de la pared de mi casa, digamos. Era algo que tenía que sacar afuera. Cuando empecé a grabar, que tenía dieciocho años, llegué a tener –en un momento dado- la cantidad de temas como para editar algo. En ése momento editar era más difícil (además tenía que ser en cassette), sumado a que las cosas que iba a editar eran de alguna forma… más precarias que lo pude editar ya en la era digital. Eso nos permitió tener edición no lineal. Entonces, aprovechar lo que uno grababa y que no fuera un demo. O sea: editar los temas hasta el punto que te resulten agradables y después sacarlos. Ambas cosas se hicieron más fáciles. Y soy, digamos, un producto de eso. A pleno.
¿Pensás que tus ideas y tus proyectos son universales? Convengamos en que los puedas adaptar tanto acá, en Argentina, en España, en Suiza…
Mmmm… No creo que sea universal. O sea, me gustaría (risas). Lo cierto es que muchas de las cosas que hago son comprensibles en un determinado contexto o se entienden de una forma feliz en un contexto y por ahí, no se entienden en otro. Por ahí… no atraviesan estándares que son necesarios para llegar a un público muy exigente a un nivel “audiófilo”, digamos. Son discos hechos en casa, y no son como para que un productor diga: “Uy, ¡éste es el mejor disco que salió en el año!”. Por ahí lo interesante que tiene es que son discos de una época, paridos en casa, trabajados con mínimos elementos. Entonces, atendiendo eso… se pueden aceptar. Por otro, tienen algunas cualidades que pueden ser más universales, o por lo menos más populares. Como: tener un ritmo, más o menos constantes en las canciones, un sonido con varios timbres. Y después tiene algo menos universal, que es que están cantados en castellano. Sobre todo el último disco, que me parece que es el más difícil (por lo menos al nivel letras). Siempre hay instrumentales ¿no? Pero hay temas que no sé qué pasa cuando los escuchás desde una no comprensión del idioma. No sé, es bastante relativo esto de la universalidad.
¿Cómo componés? ¿Cuál es tu método?
Depende, depende del tema. Puede ser una idea, o puede ser una exigencia. Como es el caso de que pertenecen a alguna película… hay un par de ellos. Después hay temas que eran un borde no recortado de una obra. Por ejemplo, de danza. Con eso hice un tema: había hecho como muchos pianos y me había quedado como un piano semi editado que no había entrado en la obra. Lo encontré y lo usé años después. Lo cierto es que, los temas que no son por encargo, tienen melodías que son como un invento; algo que tiene que encontrar su razón de existir en lo que te dice. O no en lo que te dice, sino lo que te dice una imagen o una sensación. Son como partos con esfuerzo. Y hay otros que son como una idea que salen simples, que los grabás de una forma espontánea, rápida y quedó. Ya está casi todo el tema dicho, con un par de trazos. Después lo que hacés es como hacerlo más audible.
Además de arreglar música para obras y publicidades también compusiste algunas bandas de sonido ¿Cómo laburás ahí? ¿Trabajás con total libertad, a través de una premisa que te tira el director, con pautas? ¿Cómo es?
Y… depende del director. Está el que quiere algo, el que no sabe lo que quiere y el que quiere lo que viene.
Y te tocó laburar con ésos tres…
Sí, verdad (risas). Trabajé en muchas películas, así que las experiencias son de todo tipo. Las últimas que había hecho fueron muy simples, en cuanto a que yo proponía algo que era aceptado. O sea, no hubo muchas vueltas atrás; fue fluido. Y después hay veces que no se pueden ni avanzar y se abandona el proyecto… Pero es lo más raro eso. Hay otras veces que no se sabe bien lo que va a ir, y uno propone algo que transforma las imágenes en otra cosa. Yo prefiero trabajar que la música me inspire algo y que eso vaya.
¿Y te divierte eso?
No hay nada que se haya estabilizado en mi vida de una forma rutinaria con lo años. A los dieciocho empecé a grabar, al año hice la música de una obra de teatro clown, para el Club de Clown. Luego volví a tocar, toqué años con La Portuaria. O sea, empecé tocando en vivo (años de tocar en vivo). Luego empecé a grabar, ¡y mientras estudiaba! Siempre estudié con maestros. Después, toqué muchos años en vivo y pude volver a empezar a grabar, ya con medios digitales. Y una vez que saqué mi primer disco, Échale Semilla, empecé a tocarlo y me fui de viaje, a tocarlo afuera. Armé una banda en Barcelona y toqué durante dos años aquí y allá (en Europa). Volví y empecé a grabar más para cine. Ya antes había grabado para cine, publicidad y danza sobre todo. Empecé con la danza, después cine y bastante publicidad (que hice entre el ’95 y el ’99). Bueno, publicidad, por ejemplo, es un desastre (risas). Es muy difícil, muy difícil. Todos quieren obviamente el estándar más alto. Y la verdad que eso no me gusta demasiado. Claro que eso sí es redituable, y conviene de vez en cuando… pagar los muertos.
¿Y qué es lo que más disfrutás como músico?
Es un desequilibrio total. Entonces, uno va buscando el equilibrio ¿no? Uno dice: uh, ya no aguanto más, quiero grabar algo. Grabo. Uy, que aburrido: me voy a tocar. Toco. Uy, ¡cuánto ruido! Me vuelvo a casa. Yo no he encontrado un equilibrio tal que me permita desear quedarme donde estoy durante mucho tiempo ¿no? Más bien, en ése sentido soy un eterno… inquieto, inconformista. O sea: si hay equilibrio, voy a buscar el desequilibrio; quitarle el equilibrio para generar una situación distinta.
Pero qué… ¿Tenés miedo de aggiornarte?
No, no, no. Al contrario. Quiero decir, lo que uno busca justamente es placer. Si desestabilizo es por no encontrar todo el placer que busco cuando estoy en determinada actividad. Ponele, tocar en vivo me encanta pero aún no encontré el formato que me permita continuar esa actividad durante mucho tiempo. Pero… Lo busco, lo anhelo. Ahora tengo un cuartetito que está muy bien y que ojalá pueda tocar. Pero ya veo que el año viene complicado porque, tengo un viaje en el medio, voy a armar algo –seguramente- en Europa (si puedo). A partir de lo de Kerpel yo pretendo enganchar como una promoción de mi último disco Zorzal, que se va a editar allí en España. Entonces, algo voy a tener que hacer de promoción. Pero, como te digo: sería en el mejor de los casos…
Axel, por último: proyectos, anhelos…
El entusiasmo de seguir tocando y de llevar la performance en vivo al paroxismo del disfrute musical, estemmm… psicodélico.

