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Cabezones, desde cero
El guitarrista Esteban Serniotti adelantó cómo será la esperada vuelta de César Andino. También habló del sonido de una banda que “no es la misma de antes”, de la gente que estuvo en las malas, de cómo seguir siendo de culto más allá de Obras.
“…Y la vuelta es inmensa, es eterna, déjate llevar…”. Este fragmento de una canción de la banda recibe a los visitantes del sitio web de Cabezones. Sobre un (obvio) fondo negro resplandece la frase en cuestión, la imagen de cada uno de los integrantes y, sobre todo, una invitación a ser partícipe de un regreso que promete ser inolvidable. Es que el sábado 16 de diciembre el grupo volverá a subir a escena con César Andino, su cantante, después del accidente que sufriera en marzo de este año junto al bajista de Catupecu Machu, Gabriel Ruiz Díaz. La vuelta tendrá un ingrediente extra (como si hiciera falta): por primera vez llenarán ellos solos el estadio Pepsi Music (ex Obras), templo sagrado del rock nacional.
Esteban Serniotti es guitarrista y productor de Cabezones. Entra presuroso –y puntual– a las oficinas de Pop Art, en el pintoresco y turístico barrio de San Telmo. Viene entusiasmado de ensayar con la banda, como todos los días. Se lo nota ansioso, pero feliz: se termina de la mejor manera un año que empezó con la ilusión de la salida del CD-DVD en vivo “Bienvenidos”, y se vio empañado por el accidente de Andino, que caló hondo en el ánimo de los integrantes del grupo. Ahora, a empezar de nuevo, una vez más.
¿Cómo imaginan esta vuelta?
La imagino muy emotiva. Pienso en el momento en que se abra el telón y se me pone la piel de gallina. Es una vuelta realmente muy esperada, y está cargada de mucho significado. El hecho de que podamos volver a tocar con César después de lo que pasó es en un punto casi como un festejo. A la vez, se suma que es nuestro primer Obras como banda principal. Ya hemos estado, pero siempre compartiendo cartel con alguien: Molotov, Attaque y El Otro Yo, en el cierre de la Gira Interminable. Tenemos muchas ganas de tocar, después de todo este tiempo. Y a la vez también es mostrar un Cabezones que no es el mismo de antes, ni a palos; si bien no van a ver otra banda, sí van a ver cambios, y eso es un nuevo desafío.
¿Va a haber invitados? ¿Alguna sorpresa?
La verdad, no hemos dicho en ningún lado cuales van a ser los invitados, ni lo vamos a decir hoy (risas). Pero los va a haber. Sobre todo, gente que ha estado muy cerca de nosotros, y creo que de eso se trata. En las situaciones extremas salta la ficha de la gente que tenés alrededor: quién está y quién no. Y los invitados un poco vienen por ese lado.
Ahora que llegaron a Obras, ¿dejaron de ser una banda de culto? Yo creo que no. Es mucho que te digan que sos una banda de culto, pero no nos gusta quedarnos solamente con eso. En realidad, el músico lo que más quiere es que su mensaje, que es la música, trascienda; que lo que hace alguien lo pueda escuchar, y mientras más gente lo escuche es mejor para él. Pero lo de Obras se da como una consecuencia de todo lo que vinimos haciendo.
Bienvenido, César
¿Cómo sobrellevaron todo el proceso de la internación de César?
La verdad que fue heavy. Cuando pasó lo del accidente estábamos en plena etapa de trabajo por la salida de “Bienvenidos”. Fue un golpe muy duro, y nos costó bastante retomar el trabajo. Pero nos dimos cuenta que teníamos que retomar por todos nosotros, incluso por César, y nos hicimos adictos al trabajo. Cada tema que terminaba se lo llevaba a César al hospital para que lo escuchara, como una manera de darle pilas a él. Pero fue algo que sin dudas nos siguió uniendo y reafirmó la amistad entre nosotros. Todavía es difícil, y sin dudas que nos cambió a todos: hay un antes y un después de esto, y nada va a volver a ser lo que era. Y bueno, estamos ahí poniendo muchas pilas para que César cada día esté mejor y para que Gaby (Ruiz Díaz) pueda volver.
Me parece que “Bienvenidos” fue un disco que agradece de alguna manera al público de Cabezones; una especie de tributo por tantos años de aguante…
Sí, por eso también se llama así. Cuando nosotros empezamos en Buenos Aires éramos una banda difícil de catalogar: no éramos ni punk, ni heavy, ni pop… Entonces, empezamos a tocar con bandas como El Otro Yo, Massacre, ANIMAL, y fuimos como de a poco armando nuestro público. Por eso creo que tenemos muy buena onda con la gente, porque realmente vino de todos lados: es como que armamos un público. “Bienvenidos” está dedicado a ellos, por eso se tomaron muchas imágenes de la gente, y están tan luminosos como nosotros.
Además, en vivo es como que se aprovechó más el sonido que tiene Cabezones. Creo que es un disco muy visceral y sanguíneo.
Sí. Este disco nos representa fielmente.
De los primeros discos un poco reniegan…
Los hicimos muy de pequeños. Nosotros consideramos que el primer disco de la banda es “Alas”. El anterior (“Hijos de una nueva tierra”) tiene buenas canciones, aunque le faltaba un poco de producción; pero está bien, a éste lo reconocemos (risas). Hasta ahí llegamos, los demás la verdad que son demos.
Hay un antes y un después de “Alas” y el cover de Soda, “Sueles dejarme solo”, que posibilitó que se hicieran conocidos.Totalmente. Acá en Buenos Aires empezamos a sonar con ese tema. Aquello fue como otra etapa; desde que vinimos de Santa Fe a Buenos Aires empezamos a hacer las cosas un poco mejor.
Un nuevo sonido
Recién hablabas del sonido de la banda. A mí me da la impresión de que ustedes son un grupo que encajaría perfectamente en el marco sonoro de los ochentas…
Sin dudas es una década que nos marcó muchísimo, y eso se siente en las canciones: The Cure, Depeche Mode, y muchas otras bandas. Creo que en los noventas no surgieron tantas bandas que a uno lo sorprendan. Nos quedamos con las bandas alternativas, como Nirvana y Soundgarden, pero después no hubo algo que nos vuele la cabeza. Entonces, es como que en los ochentas pasaron tantas cosas, hubo mucha data. Es difícil estar al margen de eso.
¿Y el sonido actual de Cabezones por dónde anda?
En esta preproducción que estamos haciendo para Obras hemos limpiado mucho el sonido. Es una vuelta a lo más íntimo, con menos cosas sonando, y que cada cosa está más cuidada.
Están perfilando un nuevo sonido…
Y sí, además porque el año que viene nos vamos a tener que poner a trabajar en un disco nuevo. A César todavía le queda uno o dos operaciones más, así que el año que viene seguramente no tocaremos tanto, haremos shows más grandes, y nos dedicaremos a preproducir y grabar.
Desunamos las bandas
¿Qué opinas de la decisión de Divididos y Catupecu de no participar del Cosquín Rock? Los Catupecu manifestaron públicamente que no van a tocar por la presencia de Callejeros en el festival.
A nosotros también nos llamaron. En realidad, no podemos tocar porque César va a estar recién operado, pero habíamos decidido no tocar. No es por una cuestión de hacer bandos unos contra otros, pero realmente después de lo que pasó, si Chabán es responsable de una u otra manera también lo es Callejeros. Es como que no pasó nada con ellos, y Chabán sigue adentro. Hay como una desigualdad que no está buena. Creo que ellos son muy responsables de lo que pasó también. Hay muchos responsables; por qué dejar que uno de esos muchos actúe como si no hubiese pasado nada.
Es como la primera manifestación en contra de las bandas de manera contundente…
Hay muchísimas bandas que han hablado: Divididos, Attaque… Catupecu y Divididos son las únicas que mantuvieron la postura. Hay algunas bandas que por ahí hablaron y ahora van a ir a tocar. Tal vez tengan sus motivos y no sientan que esté mal, pero es raro. Nosotros también hemos tocado en Cemento o en Cromañón y sabemos lo que es Chabán, sus pros y sus contras, pero el tipo también hizo un montón de cosas por el rock. No se puede hacer de cuenta que no pasó nada. Que toquen Callejeros y las bandas que están de acuerdo.
¿Estas diferencias se ven también del lado de la gente, en la forma de concebir el rock?Nosotros somos una banda que nunca pusimos banderas, por ejemplo. El show está arriba del escenario, no abajo.
Ese es un fenómeno que ha crecido en los últimos años en nuestro país: el protagonismo desmesurado del público.
Es como la cancha. Nosotros nunca fomentamos esto; estamos arriba del escenario y no somos iguales a los que están abajo.
La gente paga para ver un espectáculo…
Exacto. Y ahí es como que las bandas empezamos a dividirnos en un punto. Y fijate que Catupecu es un grupo con una popularidad importante y nunca los he visto en ese plan. Nosotros tampoco estamos en ese canal, porque la gente que se identifica con nosotros tampoco está en esa película.

