Camelar
Provenientes de la helada Patagonia, Camelar es totalmente lo opuesto a lo que hace suponer su lugar de origen. Hay preciosismo, colores, poesía e imágenes en sus canciones que son acompañadas dócilmente con una instrumentación dedicada y minuciosa.
Transcurrieron cuatro años entre el primer disco y el segundo, ¿Qué anduvieron haciendo en todo ese lapso?
Juan (guitarra): Estuvimos tocando mucho. Todos los meses por Capital y saliendo de a poco a Provincia. Armamos nuestra sala de ensayo con lo cual tuvimos la posibilidad de ensayar 3 o 4 veces por semana, para poder crecer como banda y explorar nuevos horizontes. El proceso de composición y grabación de El fin de la ilusión nos llevó unos dos años aproximadamente. Así que ahí hubo un rato largo de laburo.
¿Qué diferencias notan entre éste último disco y el primero?
Juan Manuel (batería): Principalmente el cambio de formación. Con la incorporación de Pali (Pablo Ibáñez) en el bajo, comenzamos a trabajar de manera grupal, ya sea en la composición como en los arreglos. En cuanto a la parte vocal, lo especial es que Camelar no tiene un cantante, un frontman, sino dos, lo que le da cierta personalidad y una enorme cantidad de opciones en cuanto a la lirica, la melodía y la armonía. En cuanto a lo musical, en ‘El Fin de la Ilusión’, se nota claramente una búsqueda más profunda, una exploración personal y grupal.
¿A qué alude el título ‘El Fin de la Ilusión’? ¿Puede ser tomado como algo pesimista?
Juan Manuel: personalmente, ‘El Fin de la Ilusión’, representa un cambio positivo, dejar de tener la ilusión de expresar algo personal con Camelar y que el resto lo tome como propio. Es ponerse a laburar y hacer que eso suceda de manera natural, empezar a disfrutar lo que uno hace sin pensar tanto en todo lo efímero del asunto de tener una banda.
Hay un buen trabajo melódico y de armonía en el disco, ¿cómo encuentran esos recovecos entre tantas notas y momentos de mucho toque?
Pablo (bajo): Esos recovecos se encuentran en el trabajo fino que hacemos a la hora de armar los temas. Si es necesario hacemos ensayos a guitarras criollas y voces para armonizar y clarificar los arreglos. Siempre queremos que lo que suena nos guste por todos lados.
Para los músicos locales que se animan a incursionar en el jazz rock o el rock progresivo, ¿Spinetta es un paso obligado para entender de qué va todo aquello?
Pablo: Creo que Spinetta es paso obligado para saber que hay alguien tan groso haciendo música más allá de cualquier estilo en particular. Lógicamente si te interesa el palo progresivo o el jazz relacionado con el rock, vas a tener un buen referente en él. Pero puede ser muy interesante escucharlo y nutrirse de su hermosa música que abarca un espectro muy amplio como obra artística.
El público de paladar “Spinettiano” suele ser algo exigente, ¿les pesa eso o se lo toman con calma?
Pablo: Pensamos en qué lugar podemos llegar a estar, pero no es algo que sea una prioridad a la hora de trabajar en una lista de show, un tema o un disco. Cada vez somos más concientes de que somos entretenedores en algún punto.
¿Temen que los cataloguen como un grupo de culto, similar a lo que es Pez o Los Natas, quizá?
Pablo: Por supuesto que no. Los Natas no es una banda que escuche mucho, pero Pez es una influencia bastante fuerte en nuestra música. Los escuchamos bastante. El hecho de que te cataloguen creo que es más cuestión de una critica periodística que del público que te puede llegar a escuchar.
Y aquí en Buenos Aires, ¿con qué bandas afines se encontraron?
Juan (guitarra): digamos que la corriente actual del under va un poco por otro lado (el indie cabeza y el rock barrial están en auge y a nosotros nos sitúan fuera de eso, digamos en el out-die). De todos modos hay bandas que siento cercanas porque me encanta escucharlas como: Mompox (en el under) y Divididos o Catupecu (en el mainstream)
Juan Manuel: Hay montones de bandas y se puede decir que generalmente hay buena camaradería, aunque nunca faltan "los batatas". Pero por suerte compartimos escenario con montones de bandas de diversos estilos y siempre primó la mejor de las ondas.
Justamente, la canción “Buenos Aires” es algo ácida y cruenta, pero con una instrumentación pulcra y amena, ¿es así como realmente ven o sienten a nuestra ciudad?
Juan (guitarra): Para mí Buenos Aires es un ser vivo, y cada año que pasa cambia mi visión sobre ella. Tiene un lado increíble y otro espantoso. La canción trata de reflejar eso. Me gusta vivir acá, a pesar de que me quema siempre tener que luchar para que no te pasen por arriba.
Por último, ¿qué extrañan de la Patagonia y qué no?
Juan (guitarra): La familia sobre todo, y la cercanía con la naturaleza. Vivir allá te conecta con otros aspectos de la vida que son muy hermosos. Lo que no extraño son las dificultades que hay para un artista en el interior del país. Hay menos infraestructura para estudiar o tocar, y eso es frustrante a veces.
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Agustín Domecq
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