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Por Joaquin Vismara reportar    Compartir

Diosque

Acobijado por Daniel Melero, nace un nuevo referente de la folk-trónica vernácula.





“I can cion” no es el primer disco de Juan Román Diosque, pero sí es su debut en un sello discográfico importante. Sus anteriores producciones (“Sonidos roto” y “El arte descomponer”) habían llegado hasta los formatos de cd-r o bien de discos virtuales, así que este paso se hace notar en su carrera. Alternando canciones intimistas a guitarra criolla y voz con pasajes instrumentales a puro laptop y sampler, Diosque va encontrando su lugar.

¿Cómo ves “I can cion”?
El disco es una mezcla de música que vengo haciendo hace casi tres años. Es una selección mezclada con temas que hice más a último momento y así fue como sin darme cuenta hice un disco. Decidí mezclar música concebida electrónicamente con samplers y canciones con guitarras. Salió un disco mitad y mitad, el nombre tiene que ver con eso: “puedo canción”, un juego de palabras que me parece que se entiende.

Teniendo dos perfiles tan distintos, ¿encontrás homogeneidad en el disco?
Compongo de las dos maneras, y en el momento no queda otra que mezclar. Hago música con cualquier cosa: cantar encima, seguir posproduciendo, grabar y componer al mismo tiempo. Esta idea que tengo de la composición y la música es eso, una batería encima de una cerveza tocada con un plato. Así se arman las cosas.

Hace un año, Daniel Melero decía que tu disco era genial pero no lograba que las compañías le prestaran atención. ¿Por qué decidiste acercarle a él el material y cómo fue que terminaron logrando editarlo?
Yo lo conocí a Daniel y no le quise dar música porque… ¿quién no le dio un disco a Melero? (risas). Sabía o que no los escucha, o por ahí apenas les presta atención. Me terminó pidiendo material él, y le pasé una parte de “I can cion” y otras de “Sonidos roto”. Le gustó y cuando le dije que estaba tratando de cerrar un disco se copó y empezamos a seleccionar material, empezamos una relación de trabajo. Yo no tengo muchos contactos en el mundo discográfico y tampoco era mi plan era sacarlo directamente por un sello. Pensaba sacarlo yo, aunque ahora que tengo un disco en la calle me di cuenta de lo importante que es la distribución. No pasa por cuántas copias fabriques, sino adónde lleguen. De mi primer disco hice 300 copias y está pésimamente distribuido. Perdí dónde estaban distribuidos y nunca los fui a cobrar. Sé que en algunos lugares se agotó, pero voy y me dicen “¿Y cómo sé yo que vos sos Diosque?” (risas). Por suerte se dio esto de PopArt, y ellos están muy interesados. Comercialmente, mi música y mi perfil no son viables o populares, pero sabían que podían depositar su confianza y ver cómo seguía. La idea es que el disco termine saliendo en Europa o Estados Unidos.

Algo que llama la atención de tus discos es la manera en que jugás con las palabras. “I can ción”, “Sonidos roto”, “El arte descomponer”… ¿A qué responde?

Me sale naturalmente hablar así, a veces ni yo me soporto. Es mi humor y mi forma de divertirme. Por suerte es sano, no tengo que pegar ni matar a nadie, pero a veces me pongo muy pesado. Está en mí desde siempre eso.

Viendo la contratapa del disco conviven García Lorca (“Federico García Calor”) con Tamara Di Tella (“Tamara Ditela”). ¿Cómo terminaste teniendo una reunión con ella?
Me hizo llamar porque me quería conocer. Le había llegado el disco y le encantó que un tema tuviera su nombre. Me llamaron cuando estaba durmiendo y no entendía nada, pedí que me volvieran a llamar en diez minutos. Fui a la casa, y había uno que estaba filmando, muy raro. No puse bien el apellido de ella en el disco por miedo a algún problema judicial, o hacer prensa con ella. ¡Al final terminé haciendo prensa porque me llamó! Me dijo que si el disco se reeditaba quería que le pusieran bien el nombre y ahí le expliqué por qué era. El tema en realidad se iba a llamar “Pilates” y al final se lo cambié. Ahí me dijo “Ah, no. Si le ponías ‘Pilates’ sí te hacía juicio porque esa palabra está registrada por mí en la Argentina”. Me terminó proponiendo componer música para Tangolates, una mezcla de danza tango con Pilates, y lo quiere vender en el mundo. Me dio trabajo, y lo último que quiero es trabajar (risas). La invité el viernes al show en Compass, no sé si vino…

¿Vos además formás parte de la banda de Melero en vivo?

Sí, toco la batería y la guitarra. Me encanta porque disfruto mucho tocar la batería y dentro de la banda yo hago lo que quiero con los temas de Daniel, que son clásicos. La paso muy bien y me encanta estar ahí aportando. Hubo shows caóticos como el de Código País, aunque fue bueno. Ahí estábamos empezando como banda recién.

En comparación a los discos anteriores, “I can cion” se perfila como más definido. ¿Creés que es el disco que mejor representa tu propuesta?
En “El arte descomponer” hay canciones, y en cambio en “Sonidos roto” no, sería “I can’t cion”. Este viene a mezclar las dos cosas, donde está la idea de estrofas y estribillos, pero también del desarme y el absurdo. Terminé haciendo un disco de una manera para presentarlo en vivo de otra. Yo le digo a Santiago, el guitarrista, que saque él los temas, porque ni yo me los acuerdo y al mismo tiempo estoy componiendo mucho con la guitarra. Tengo ganas de grabar de nuevo, y me adelanté un poco en eso. Nunca había presentado un disco, y me parecía muy típico hacer que suene igual a lo grabado, así que me parecía bueno hacer las canciones como las quiero mostrar en ese momento. Puede ser el esquema del próximo disco.

¿Ya estás pensando en el próximo disco?
Es que “I can ción” lo tenía listo hacía un año. Tengo ganas de hacer varios discos: uno de arpegios y arreglos de cuerdas, otro con banda y grabar los bajos con una guitarra. Después tengo otro que se llama “Música que no recuerdo haber hecho”, que es de electrónica. Me puse a escuchar y no me acordaba haber grabado esas cosas… Por ahí termina saliendo un solo disco con todas esas cosas juntas. ¿Te encontraste con cosas que no esperabas hasta que salió el disco?
Sí, las notas. La semana pasada fui dos días seguidos a tocar a una radio por el disco, me hicieron regalos gente que no conozco. Me dieron cartas, un globo inflado… Alguien, sin ser periodista, escribió algo comparando otro disco con el mío y yo no podía creer estar tan adentro de alguien. ¡Son todas las cosas que no puede pagar Mastercard!

¿Tenías un ideal de disco a seguir?
“Vital”, de Leo García, me pegó muy profundamente y me parece innegable eso. También los discos de Daniel, Sonic Youth, My Bloody Valentine, Slowdive. También el campo influyó bastante.

¿Por qué en un disco con tanta presencia de samplers decidiste hacer un arte de tapa tan rural?
La idea era estar montado a un caballo que se esté parando de manos y yo mirando a la cámara, ¡pero no pudimos! Tiene algo de campo, me parece… La electrónica tiene que ver con el campo. Son naturalezas opuestas totalmente influenciables entre sí. Cuando estás en el campo a la larga querés ir a un lado que haya más gente. Después estás en la ciudad, ves un cacho de montaña y decís “Wow!”. Por eso, la idea era una tapa con tanto verde, y que adentro tenga algo totalmente distinto. Son contrastes… bah, ¡Soy un histérico!

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