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Emmanuel Horvilleur: “Logré crear mi propio lugar más allá de la industria”.
Todavía renegando sobre un eventual regreso de su ex banda, el ex Illya Kuryaki presenta “Mordisco”, un nuevo álbum con el que cada vez saluda de más lejos al imaginario del hip hop.
El camino que Emmanuel Horvilleur viene recorriendo desde principios de los ’90 es un tanto llamativo. En realidad, su primera aproximación musical llegó con Pechugo, un grupo infantil de ¿rap? en el que se divertía con amigos varios (entre ellos, su luego coequiper Dante) y con el que debutó grabando “El mono tremendo” para un disco de Luis Alberto Spinetta a fines de los nunca bien ponderados ochentas. Poco tiempo después, nacía Illya Kuryaki & the Valderramas, que se ganó su espacio a fuerza de un ideario alucinado y lisérgico del mundo del hip hop, cruzando elementos tan ajenos al género como lo podía ser el cine clase b de artes marciales. Si bien el rap fue lo que marcó el rumbo de los primeros tres discos (“Fabrico cuero”, “Horno para calentar los mares” y “Chaco”), a partir de “Versus” el grupo incorporó otras variantes de música negra, como el funk y el soul.
Después de la separación de IKV, sus dos integrantes tomaron caminos muy disímiles: Dante se aferró al rap más radical y extremo, mientras que Emmanuel optó por el lado de las canciones clásicas, aunque manteniendo una reminiscencia de su pasado. Ahora, después de “Música y delirio” y “Rocanrolero”, Horvilleur busca con “Mordisco” desprenderse de una vez de la imagen de “ex integrante” para afianzarse como un solista nato. Para eso, se aferra a un puñado de composiciones que afianzan su estilo propio mientras al mismo tiempo toma distancia de su pasado.
“Mordisco” parece un balance de tus dos álbumes anteriores. Tiene la experimentación de “Música y delirio” pero también el perfil de canciones directas de “Rocanrolero”.
Sí, yo le encuentro cosas de los dos discos. “Música y delirio” traía un poco de vestigios de lo que había sido IKV en cuanto al sonido, esa cosa medio funk. “Rocanrolero” es un poco más simple, con una visión del rock tal vez un poco más pop. Este mezcla un poco esos dos estilos. En cuanto a la composición, “Mordisco” sigue un poco eso que se abrió con el disco anterior, pero desde la producción tiene esa cosa más disco como en “Radios”.
Si bien es un disco algo corto en su duración, en ese tiempo te permitís usar un rango bastante amplio de estilos.
Me divierte que haya una amplitud de música, y también las canciones fueron saliendo así. Hay canciones de estilos diferentes como “Tu hermana”, que es medio ochentas al estilo de New Order o Pet Shop Boys, y después están las baladas, que siempre me gusta incluir en los discos. Acá se dio que las dos que hay las lleva el piano. En “Rocanrolero” ya estaba “Onda”, que tiene un poco el color que tiene “19”, la canción para la que invité a Cerati. Hay un rango de estilos y creo que siempre existió, desde “Horno para calentar los mares” de los Kuryaki. En esa época nos gustaba que haya diferentes estilos de música.
Justo mencionás dos canciones que van juntas en el disco y es donde más se nota el cambio de géneros del álbum.
Sí, y de “Llamame” a “19” también. El disco empieza arriba y en ese tema baja, con un tono bastante oscurito. La intensidad sigue estando, igual. Baja en ritmo cardíaco, pero en lo demás es lo mismo.
En tu primer disco, la frase que sorprendía era “Soy tu nena”. Ahora cantás “Si no puede ser con vos, me encantaría hacerlo con tu hermana”. ¿De dónde viene esa provocación?
Para mí es divertido, principalmente es eso. Creo que “Soy tu nena” era divertido, pero “Tu hermana” es más divertida aún. Son fantasías de las que me hago cargo y las plasmo en una canción. Seguro que alguna vez algún amigo te dijo “¡No sabés cómo está la hermana de mi novia!” o alguno que hasta quizás fue más lejos y concretó (Risas). Habla un poco de eso, además a este personaje lo que le pasa es que ella no le da bola y la hermana está buena y entonces termina diciendo “Bueno, vamos por la segunda”. Es una canción bastante épica igual, tiene algunas máximas como “Estas canciones que tú llamas grasas, esas historias serán rescatadas como una niña en una torre aislada que ha caído en las dagas de un dragón”. Es decir, habla un poco de esas canciones que escuchábamos cuando éramos chicos, como el heavy metal.
Viviendo de Illia Kuryaki donde, si bien partían a otros rumbos, el camino siempre comenzaba en el hip hop. Sorprende que, salvo en algunos detalles, en tu carrera solista no haya tantas reminiscencias de eso.
Se ha perdido. Trato de meter el hip hop en conceptos de producción, como se ha metido en la música mundial. Pero el rap era un estilo que yo lo siento muy ligado a IKV y no es que no lo pueda hacer, porque de hecho me sale, pero es como ingresar en un mundo en el que para contar una historia tendría que hacerla mucho más ilusionada. Tendría que hacer un disco solo de hip hop, me cuesta mezclarlo con otros estilos que estoy haciendo ahora. Me sigue gustando, y si tuviera que hacer algo así, podría estar. En este momento no lo elijo, pero no porque no me gusta. Hay muchas cosas que no me gustan del género, igual.
En este último tiempo el hip hop pegó un viraje más frívolo, también.
Sí, tengo MTV ahora y veo esos videos y son una mierda.
No hay más Public Enemy.
¡Claro! Me gustan Common, N.E.R.D., Outkast, Timbaland, y algunas cosas de Snoop porque tienen mucho groove. Pero después hay una bola que son unos cabezas a los que lo único que les importa son los autos y las joyas. Es una realidad tan distinta a la nuestra… Me puede gustar el sonido del bajo, pero no me transmite lo que me tiene que transmitir la música.
Reemplazaste el hip hop por el soul.
Sí, el soul está y está el pop también. De hecho, “Radios” tiene una especie de rapeada que en realidad es una “hablada” (risas). Eso está bueno, pero a mí me encanta el hip hop como plataforma. Cuando se quedan tan ahí en eso de “soy tu chulo” no me va. Me gusta Calle 13 porque se ríen de eso, y me pasó algo muy loco con el disco de ellos. Lo tenía para escuchar en el auto y se me rompió el stereo, así que quedó ahí adentro y no lo puedo sacar y es lo único que puedo escuchar.
Inclusive la escena hip hop actual de Buenos Aires no le da a Illya Kuryaki el reconocimiento de haber sido los que se encargaron de sentar la base para lo que se hace ahora.Para mí es un alivio no tener que dar explicaciones a nadie. Creo que a veces el hip hop tiene conceptos un poco antiguos de si sos de verdad, si sos de mentira o si sos de la calle. Yo de la calle no soy, yo era callejero de chico, que es otra cosa. Está tan ligado a eso que para mí IKV era otra cosa. Tenía un mundo propio y creado, muy fantástico, y a mí me gusta eso. Lo peor del hip hop es cuando el artista está queriendo hacer que es de la calle cuando no lo es, eso me parece muy hipócrita y me aburre.
Después de la separación de Illya Kuryaki y viendo los distintos rumbos que tomaron Dante y vos quedó un poco más claro cómo era que se hacía la unión en el estilo. Uno yendo para un estilo más radical y vos enfatizando en las canciones más vinculadas al funk y el soul.
Eso ahora pareciera que fuera así, pero yo depositaba mis cosas y Dante las suyas. Cada uno agarraba lo del otro y se dejaba influenciar. No es que él hacía los raps y yo hacía las baladas, para nada. De hecho, él tiene unas baladas increíbles como “Húmeda”, “Ruégame o “Hermosa from heaven”, así como yo compuse el estribillo de “Abarajame”.
¿Dónde crees que te deja ubicado tu carrera solista? No es íntegramente pop, pero tampoco es solo funk, ni rock…
Humildemente, creo que lo que logré en estos años con mis discos es crear mi lugar propio, más allá de la industria. Hay gente que se acerca porque le gustan ciertas cosas de la música, a veces es difícil explicar qué cosas son. Hay una cierta sensibilidad que manejo en mi música con la que la gente se puede sentir identificada. Te puede gustar el hip hop y disfrutar de mi música, o te pueden gustar The Beatles o el rock nacional. Es amplio y creo que un poco trabajé para eso.
¿Y te encontraste con gente que te haya hecho entender que nunca le interesó IKV y sí les gustaba tu lado solista?
Sí, mucha gente. Yo toqué en una fiesta de 15 hace poco y la chica mandó una lista de temas que quería que tocara. Y me puso en posdata “¡Por favor, no toques nada de Illya Kuryaki!” (Risas). Me morí, ¡me pedía por favor! Había cierta animosidad contra nosotros en esa época por todo eso.
Eran bichos raros en la escena
Totalmente. No existía y no estaba considerado, y nadie veía que se iba a consolidar como una música con tanta fuerza. En ese sentido, peleamos por el hip hop. Hicimos discos en donde acercamos el género a la música cantada en español.
Ahora hubo una especulación cuando compartieron fecha en el Pepsi Music, y además pareciera que hay una fiebre de algunos grupos por querer volver. Así y todo, Dante y vos se muestran siempre reticentes a volver a tocar juntos.
Primero y principal, cada uno está con su carrera solista. Para nosotros no se barajó la posibilidad de volver, entonces nos mostramos reticentes porque estamos invirtiendo mucha fuerza en nuestros proyectos. Cuando me preguntan por la vuelta de Kuryaki, y si cabe la posibilidad de que alguna vez nos juntemos, sí que cabe. No se sabe cuándo.
¿Qué es lo que te hace pensar que por el momento no se reunirían?
Quiero crecer como solista y llegar al exterior no como un ex IKV, si no como Emmanuel Horvilleur. Es un trabajo que uno viene haciendo hace siete años y es mucho lo que se le pone a esto. Tengo asignaturas pendientes con esta carrera y me gustaría que si volvemos, sea con un disco. Sería más real.
Phoenix me gusta, me encanta. N.E.R.D. y Outkast también, me gusta el disco de Sean Lennon. Phoenix también, con esa manera de tocar el pop con aire soul y funk. Cromeo, un dúo canadiense que está bueno, el de Charlotte Gainsbourg, Spoon, The Noisettes, Black Rebel Motorcycle Club…
Son todas influencias que por ahí no suenan tan presentes en “Mordisco”…
Yo no escucho una canción y me pongo a tocar la guitarra, no me sale. Lo que a veces tomo es la actitud y la llevo para otro lado, me pongo a tocar y sale algo totalmente diferente. Es una inyección de algo que la música me transmite. Si te nombro el disco de Lennon te puedo decir que los teclados sí los tomé de ahí y traté de hacer algo similar en algunas canciones. Tampoco soy un buen copión, así que voy a otro lado.

