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Gabo Ferro: “El amor no es una cosa grata siempre”.
Con una celeridad notable, el viernes Gabo empieza una tournée que muchos envidiarían: despide sus dos primeros discos en Niceto, parte a una nueva gira estadounidense y ni bien regrese tendrá en sus manos su nuevo álbum. Todo, en solo cinco semanas.
(Foto: Rafael Lejtreger gentileza Revista Freeway)
Un disco cuya portada es un texto. “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, segundo álbum de Gabo Ferro, invitaba a la polémica. No solo por la ausencia de una imagen en la tapa, sino porque ese texto que citaba a Marx y Engels, era una sentida crítica a la industria musical y su pérdida de valores. Musicalmente, el disco también marcaba una diferencia abismal respecto a su debut “Canciones que un hombre no debería cantar”, una docena de canciones embebidas en ritmos folklóricos, con una instrumentación mínima. En “Todo lo sólido…”, en cambio, apeló a la magnanimidad: orquestaciones, septetos de guitarras y constantes cambios de estilo.
Ahora, todo es a las corridas: mientras ultima detalles para presentar / despedir sendos álbumes en Niceto el viernes 10, dos días después subirá a un avión que lo llevará a una nueva gira por Estados Unidos durante cinco semanas y, ni bien regrese, tendrá en sus manos la primera tirada de su nuevo disco recién salido de fábrica.
¿Por qué decidís presentar “Todo lo sólido…” a casi un año de su edición?
En realidad el disco lo saqué en Agosto y lo presenté en noviembre. Esto es una “presentación conjunta” de los dos discos porque estoy con una banda nueva, y van a estar invitados que nunca estuvieron conmigo o si lo hicieron fue una vez al pasar. Va a ser una fiesta y tiene muchas decisiones importantes respecto a lo que alguien llamaría “carrera”. Es una fecha muy importante para mí, ya me divierto en los ensayos. ¡No puedo creer las cosas que van a ocurrir! Yo siempre manejé la ironía con ciertos géneros y subgéneros musicales, y ahora directamente la llevo al paroxismo porque Niceto me permite ciertas cosas que otros lugares no. Lo tengo ahí picando y no me lo voy a perder: coquetear con ciertos géneros y llevarlos al borde, me voy a reír mucho.
Eso tiene también de extraño la fecha. Es en un lugar muy poco típico para un show de este formato.
Yo no uso electricidad. Mi exploración tímbrica viene de sacar de los instrumentos acústicos el poder que generalmente se le genera a lo eléctrico, hago “Folk core”. Cuando me preguntan “¿Cuál es la diferencia entre tu cuestión musical de los ’90 y la de ahora?” yo siempre respondo que ahora soy mucho más heavy. No sé si una banda meramente acústica como la mía habrá tocado alguna vez ahí, es una cosa hasta como anecdótica.
Para tu debut apelaste a un minimalismo acústico, un formato muy chico...
Ha vuelto. Grabamos el disco nuevo en vivo como aquella vez y no como el anterior, que era más bien exploratorio. Este es un disco que toma el amor como problema. Me dije “¿Cómo hago para que un disco hable del amor como problema sin el ‘Yo te amo, tú vendrás’?” Y me fui para el lado del romanticismo clásico, a 1820, 1830. Lo grabamos en dos noches de luna muy alta, hasta las 3 de la mañana. Es un disco oscuro en el que nos encerramos los seis tipos de la banda y dijimos “Bueno, a tocar”. Ahora tenemos mucho más presupuesto y en vez de hacer una versión de cada tema pudimos hacer tres y elegir las mejores.
Con el mastering ya terminado del disco, lo escuché y me parece que se va a llevar toda esa cosa oscura del romanticismo clásico. Va a tener toda esa cosa de la noche, todo ese salvajismo, animales muertos, la muerte, la vida, la tragedia, con el hombre en el centro mirándolo todo. La idea era cómo hablar del amor antes de Arjona y todos estos tipos que se paran ahí y es el material de su factura. Pero, ¿qué amor es ese? Seguramente no el mío ni el de tantos otros. Digo, el amor no es una cosa grata siempre. Sería buenísimo que nos pongamos a discutir sobre él en vez de sentirlo y jugar al amor.
Después de hacer un disco en un mes con casi un género por canción, ¿cómo fue que volviste a querer hacer de vuelta un disco tan inmediato, con tan pocos días para grabar y mezclar?
¡En un mes y con 26 músicos! Fue simple: para hablar de amor, yo siento que hay algo que va pegado filosóficamente, que es hablar de la verdad. El disco tenía que ser “verdad”, no podía haber ni sobregrabaciones, ni auto tunes ni nada. Lo que quedó en el disco es verdad, me parecía que tenía que ser así. Soy urgente y eso está mucho en el arte. El fuerte nuestro son los shows en vivo y lo máximo que se va a acercar a eso sin duda es grabar en vivo en el estudio. Aparte, a mí me hace daño eso de grabar todo por separado, eso está lejos de la verdad y por lo tanto eso está alejado de lo que yo quería para este disco.
En tu primera gira por Estados Unidos terminaste cruzándote con un colectivo de banjistas con los que armaste un tema. ¿Volviste a encontrarte con algo así en tus otras visitas?
No, porque nunca más volví a la costa oriental, y toda la costa del Pacífico es muy distinta. Me encontré con un hippismo diverso, bueno y no tanto desde lo musical y un ancla a la modernidad muy marcada: electrónica mezclada con hardcore y con alguna otra cosa más… En el trasfondo está toda la música gitana y el reggaetón por la fuerza que tiene la comunidad latina. Había un tema terrible que se llamaba “Dance like a Chola”, como le dicen allá a las minas que bailan reggaetón, con las cejas marcadas y uñas larguísimas. Era un escenario con tres patas muy fuertes, y la verdad que no me crucé con muchos músicos.
También, la última gira cancelé muchos conciertos porque empecé a componer de a una o dos canciones por día. Quise seguir trabajando así; cancelé shows y me quedé componiendo.
¿Son canciones que terminaron en el disco?
Sí. Si las canciones fueran personas, me golpearían la puerta y dirían “Vos me prometiste…” En el disco nuevo hay una canción que la compuse el día de la nevada, el 9 de julio. Estaba en casa y dije “esto tiene que entrar”. ¡Más que un disco de lados B, me quedaron dos discos B!
Más allá de la aprobación de la crítica y la aceptación de los colegas. ¿No te parece que el género en sí tiene una especie de limitación o convocatoria?
El género musical probablemente, pero lo que digo no. Si yo no dijera lo que digo, seguramente diría “esto tiene un techo”. Pero yo no hago solo música, van muchas cosas en paralelo: La interpretación, la música, la letra, la melodía, los arreglos. Por eso creo que también atrae tanto a gente del ambiente de Letras, gente que no escucha música pero encuentra una historia de una manera muy acotada, rompiendo los esquemas. No veo el techo, porque no veo el límite. Ahora, mucha gente me está diciendo a raíz del show de Niceto (y te estoy hablando de más de una docena de mails) cosas como “¿Cómo hago para no cruzarme con mi mamá y mi papá en el show?”.
Hay algo que me tiene feliz con este disco nuevo: Hace mucho que nadie dice en una canción la palabra “pueblo”, y me encanta cantar esa parte. Cuando escucho el disco y llega esa parte siento que hay algo. Cuando eso aprehende, hay algo que va más allá de las estéticas musicales y el gusto por los géneros o subgéneros.
Ahora te vas a hacer cinco semanas solo por Estados Unidos. Después de tanto tiempo de adaptar las canciones al formato de banda acústica, ¿eso se traduce en algún cambio o replanteo de espacios que habías pensado para orquestación?
Nunca compongo pensando en banda, a no ser que tenga un disco muy eléctrico en carpeta. Yo no pienso “acá iría un violín”, hago canciones. Además yo no puedo girar con la banda, no la puedo pagar. Ya toqué en Montevideo dos veces solo con la guitarra, lo mismo si me voy al interior. Yo solo toco con la banda lamentablemente en Buenos Aires, así que no puedo darme el lujo de componer pensando dónde iría la entrada del contrabajo y el piano porque no tengo cara para tener a los músicos sin pagar.
Siempre mencionás que te quedan canciones o discos en carpeta que no se editan. ¿Qué pasa con todo ese material?
Eso es una sarta de cassettes que tengo en la biblioteca, y son mi tesoro. Yo miro eso y digo “Soy rico”, porque soy dueño de los masters de mis discos, dueño de las pistas, todo. En uno de los últimos viajes me regalaron un dispositivo para grabar, y ahora este viaje me dan una Mac, así que tengo ganas de grabar un disco yo solo. Quizás termine colgándolo en la red, no sé. Un disco no es para mí lo que es para otros. Por eso ahora las discográficas están queriendo tener este disco y ya la pregunta desmantela de movida: “¿Qué podés darme que yo no tenga?”. Hay compañías que están interesadas y yo agradezco mucho eso porque después de la tapa del segundo disco haya alguien que esté dispuesto a sentarse a hablar de editarlo. Significa que entendieron que no era una ofensa, sino una crítica. Pero el disco no es para mí lo que es para ellos, con eso de “Tres discos, cinco años”. ¿Qué es esa fórmula?
Vos venís funcionando con “Un disco, un año”…
Y lo vengo haciendo así porque hay gente que me dice “No, ¿para qué otro disco? Esperá un poco…”. Este disco iba a ser triple, pero los costos no me dan para más, porque la buena fortuna quiere que tenga que estar todo el tiempo mandando a fabricar los dos discos anteriores. Haya sello o no, el disco sale el 21 de septiembre; quiero que llegue con la primavera, por la naturaleza, otro componente del romanticismo…

