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Gabo Ferro
El compositor no se detiene. Con un ritmo de al menos un disco por año, este jueves Gabo presenta en el ND/Ateneo las canciones de “Amar, temer, partir” en lo que asegura será una celebración con amigos.
La historia es conocida y se contó en reiteradas ocasiones, así que para los desinformados acá va un versión resumida. A mediados de los ’90, Porco revolucionó la escena hardcore por varios motivos, entre ellos el dramatismo y la elasticidad vocal de su cantante Gabo Ferro. En un show en 1997, Ferro literalmente perdió la voz mientras cantaba, y se fue corriendo del lugar, sintiendo que ese era un claro signo para abandonar la música, y así lo hizo. Durante siete años, se abocó a estudiar historia, y recién en el 2004 reapareció en la escena, ayudado por Ariel Minimal, de Pez. Pero esta vez su linaje era distinto: Gabo había vuelto en las ropas de un cantautor sensible, trágico y telúrico. Más cerca del folklore argentino que del páramo californiano del crossover, Ferro compuso un puñado de canciones que dieron forma a su debut solista, “Canciones que un hombre no debe cantar”, un disco acústico, íntimo y preciosista. Al año siguiente, “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, oficiaba como contracara de su antecesor, recorriendo una vasta variedad de estilos dentro de la canción. En el 2007, Gabo estableció por primera vez a su banda estable para los shows en vivo, y con esa misma formación acústica (piano, percusión, contrabajo y guitarras criollas) concibió “Mañana no debe seguir siendo esto”.
Y llegó el 2008, y obviamente él no iba a dejar pasar la oportunidad de terminar la primera mitad del año sin un disco nuevo. Así, antes de irse de gira por España, realizó un ciclo de recitales en el que tocó sólo canciones inéditas especialmente preparadas para esa ocasión. Sin que el público lo supiera, esos shows se convirtieron en “Amar, temer, partir”, su cuarto disco, esta vez grabado en vivo y si bien todos sus discos parecen correr con un mismo eje temático, este acentúa más este costado. A lo largo de doce temas, Gabo narra una separación y su efecto residual, sus emociones, la angustia, la desesperación. Con un espacio más que ganado, Ferro llega por primera vez a encabezar una fecha en el ND/Ateneo donde presentará el disco y, claro, revisará su repertorio inagotable.
¿Cómo surgió
la idea de hacer un disco en vivo con un repertorio inédito para el público?
Estas doce canciones son las 12 estaciones del Vía
Crucis de una separación. Al momento de llevarlas al disco, probaba con los
músicos y me hacía ruido, porque tenía que elegir cómo contar esto. Es como
cuando te juntás con un amigo y le contás “Che, me separé” y vas diciéndole
cómo fue. El formato “vivo” me acercaba lo más posible a ese tono de charla de
café en el que se cuentan estas cosas. Tenía dos conciertos en Caras y Caretas
antes de irme a España y entonces fue cuestión nomás de alquilar unos
micrófonos más lindos para grabar el disco. Se hicieron tomas de los dos
conciertos y eso es lo que quedó; no hay ni un retoque ni nada parecido. Me
encanta porque contiene la paleta de sentimientos que no tienen los discos de
mercado. Hay ira, silencio, demanda, pedido, reclamos.
Entonces la
gente que se acercó a los shows no sabía que iba a ser un repertorio de
inéditos, mucho menos que iba a ser parte de un disco en vivo.
Cuando hicimos la primera fecha, pregunté “¿tienen
ganas de escuchar doce temas nuevos?”. Después, salió una crítica en el diario
en donde avisaban que estaba grabando disco en vivo, y al sábado siguiente la
gente ya estaba advertida. Ya el año pasado había hecho un ciclo en el C.C.C. y
una de esas fechas ya había sido también de 23 canciones inéditas. Yo me
reconozco un tipo afortunado por muchas cosas, y una de ellas es la gente que
viene a los recitales, porque no está pensando si come muzzarella o fainá
cuando sale del concierto; es un tipo de escucha inteligente y activo. Por eso
pregunté antes de empezar a tocar la primera noche, y tenía un set “b” armado
por si no querían arriesgarse.
Cada disco
tuyo incluye una suerte de explicación del título. ¿Es una manera de
revalorizar la obra en conjunto?
No, es una clave para explicarlo. Como hablo de
unas cuantas cosas en mis canciones, me parece que dar una clave le aporta al
disco un universo más, un perfume. Es el zurcido de lo que se ve, un detalle
elocuente; “Este disco se llama así por tal cosa y tal otra”. Es como decir
ironicamente “¿Te acordás cuando los títulos de los discos y de los libros nos
querían decir algo?”. Yo no hago las cosas por hacer, sino ni le pongo título
si no tengo nada para decir y que quede “Gabo 4”.
Desde que
volviste a la música venís llevando un ritmo de al menos un disco por año.
¿Creés que es el resultado de ese tiempo inactivo, como si fuera un impulso
constante para hacer algo nuevo?
Este ritmo no lo habríamos podido sostener con Porco,
porque yo aprendí cómo podía hacer las cosas porque me alejé, tuve ese
perspectiva y pasó el tiempo. Cuando volví en el 2004, Ariel (Minimal,
líder de Pez) me dio todos los discos que él había grabado desde el
momento en que yo me retiré en el '97 y ahí entendí que había ingresado la
computadora y que cada uno podía grabar un disco en su casa. Hubo un quiebre de
las prácticas que hicieron que se pensara de otra manera. Algo hubiera pasado
seguro, pero con una banda hubiera sido imposible llevar este ritmo porque te
lo impide la propia democracia de la banda.
Al igual que
la mayoría de los músicos que eligen este camino, vos empezaste siendo
independiente no por conveniencia, sino porque la situación se forzaba a eso.
Por como se dieron las cosas en este último tiempo pareciera que podrías
manejarte fuera de ese sendero, pero no lo hacés. ¿Qué creés que perderías
abandonando el ámbito independiente?
Independencia es hacer tus cosas con tu propio patrón ético y estético. Dentro
de los sellos que conozco y a los cuales no pertenecí, no coincido en cómo
manejan eso. Elijo no estar ni en su catálogo ni en su lista de distribución.
Si alguien me ofrece un contrato en el que respeten estos patrones , yo firmo
el contrato de mil amores. ¿Qué más quisiera que que me den los recursos como para poder hacer mi
trabajo? ¡Estaría buenísimo! Pero sé que nadie me lo va a dar, porque yo no
vendo millones de discos y tampoco está entre mis ambiciones. Soy un tipo que
se niega a todas las propuestas de los sellos, pero siempre los escuché porque
quizás tenga una grata sorpresa algún día.
Es paradójico
que justo en el momento en que la industria está sin saber qué hacer, tus
discos agotan tiradas y terminan vendiendo más que algunos productos que vienen
con una estrategia de marketing detrás.
Eso lo sé, pero sé lo que trae también. Yo hice
esto sin cagar a nadie, y sé que hay gente dentro de estos sellos que no me
quiere nada y que se mofan de mi ética de trabajo, les molesta que lo mío
encima vende. Entre mis cuatro trabajos tengo 14 mil discos en la calle, laburo
con gente que me respeta y me quiere y que respeta y quiere a lo que hago. Es
gente que trabaja con ganas y que siente orgullo por lo que hago. No le veo la
ventaja a meterme con alguien para quien voy a ser un número, un proyectito
más. Tampoco me parece un bonus maravilloso poder decir “mis discos salen por”
o “soy artista de”. Eso a mí no me suma y la camiseta tiene que ver con otros
valores. Aparte a mí me encantan los discos sin etiquetas (risas).
Yo no soy popular ni una celebridad, pero todos los días alguien me nombra a mí
o a mis canciones, y eso se logra con laburo. Hay gente que respeto y quiero
mucho que me dice “No saques otro disco más. ¡Esperá dos años, por favor!” pero
yo tengo que poner en riesgo algo. Yo podría estar usufructuando ahora lo lindo
que es “Dios me ha pedido un techo” (de “Todo lo sólido…”) sin pensar en un
disco nuevo. Pero no, yo necesité poner en riesgo eso y hacer otro disco y
nueve meses después este otro.
Decías que tu
entorno te pide que desaceleres, pero hasta ahora venís sacando un disco por
año. ¿Cuál sentís que es el motivo de esa urgencia?
Que las canciones estén y que cuajen como obra. Yo
no corro ninguna carrera y no tengo ningún calendario, simplemente cuando algo
me cierra grabo y listo. Quizás el próximo cd tarde un mes o cinco años, pero
cuando esté va a salir. Pueden terminar quedando fuera un montón de canciones
porque no encuentran su lugar o que demandan otra formación.
En un momento
me habías dicho que tenías en mente una idea irrealizable de hacer un disco
triple. ¿Sigue en mente?
Está ahí, pero es con el que estoy más amenazado de
muerte (risas). Solo usé dos canciones de ese proyecto en “Todo lo sólido...” y
“Mañana…” y lo hice porque me parecía que cerraban con el concepto de ese
momento. Es algo que me va a encantar hacer y de España me quieren dar la plata
para hacerlo. Sé que es algo muy ambicioso, porque cada disco tiene su timbre
particular, pero ya lo tengo todo armado. Lo único que me falta es hacerlo .
O sea que
seguís grabando y componiendo aun con este proyecto en carpeta. ¿Por qué no
encararlo entonces como tres obras individuales?
Es que es define por extensión las tres patas que
laburo: un disco es sumamente eléctrico, otro hace hincapié en lo telúrico y el
otro en la canción. Me parece que es como hidratar las cincuentipico de
canciones de los cuatro discos que saqué .Yo no necesito volver a la
electricidad, y cuando lo sienta lo haré. En nuestros conciertos hay hasta pogo
sin que haya un equipo de amplificación en el escenario. Un riff distorsionado
no asusta ni a mi abuela. Ella ve a un tipo tocando una guitarra eléctrica y lo
vincula al de la propaganda de Anaflex; una figura que era icónica ahora es una
caricatura de un analgésico. Pero culpar a las caricaturas por la denigración
del rock es lo mismo que decir que el Golpe de Estado a De la Rúa se lo dio
Tinelli con su imitación. Simplemente la cultura toma a la caricatura cuando ya
está propiamente instalada.
Cuando
decidiste volver a la música, lo hiciste tomando distancia de la escena en la
que antes te manejabas y eso te permitió verla desde afuera. ¿Qué encontraste o
viste desde ese lugar? Hubo cambios de costumbres, de formatos…
Yo me dedicaba a la historia y ni escuchaba música, mucho menos cantaba. Volví
y me encontré con gente grabando discos en sus casas. Cuando me di cuenta que
ciertas herramientas hacían posible otro camino, reingresé sabiendo que en el
momento en que eso no fuera posible, me dedicaba de nuevo a los libros. Pero el
modelo todavía sigue vigente: tener un sello, un sponsor, la mejor agencia del
mundo y tocar con x artista de afuera. Eso no sirve, las ambiciones pueden ser
grandes o pequeñas. Si tu ambición es que te canten en la cancha y tener un
ringtone…
Hay cosas en las que yo pienso cuando trabajo y otras en las que no porque no
están en mi universo. Escribo canciones porque tengo algo para contar y porque
creo que eso que cuento va a servir. Mis canciones no las toca nadie, y está
muy bien. Si tengo que conseguirme dos laburos más para seguir haciendo esto,
lo hago porque hay algo que la guita no te paga. Me pasa lo mismo con los
festivales esponsoreados. La gente mirándome se conmueve mucho y yo también.
Pero no puedo permitir que en ese momento haya detrás mío un cartel gigante de
marca “Poronga”. Todos sabemos que la publicidad ya no sirve, se recurre a lo
subliminal y se está colando acá por algún motivo. La gente se emociona, grita,
llora, baila frente a una banda tocando y de fondo tenés una bandera o un
cartel de una marca. ¡Vamos! Mientras pueda esquivarlo…

