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La Bomba de Tiempo: Santiago Vazquez.
En la música no creo en la monogamia... Santiago Vázquez es un artista en constante movimiento. Con sólo escucharlo hablar del amplio abanico de propuestas en las que trabaja casi al unísono, uno ya se siente exhausto.
En un pequeño descanso entre sus numerosos viajes físicos y musicales, este multiinstrumentista inquieto nos cuenta sobre los diversos proyectos que lo ocupan en la actualidad y repasa su vasta formación como músico.
¿A que edad comenzaste a tocar música?
Siendo muy chico
cantaba y armaba una batería con objetos de la casa como cacerolas y tocaba con
unos palitos chinos. Era una aproximación a la música muy alejada de la
decisión de ser músico y más relacionada con lo lúdico. Luego, cuando tenía
diez años y vivía en España, empecé a estudiar batería y solfeo. Con este
último duré poco porque no me gustaba esa forma de enseñar.
Luego, vine a Argentina y además
de batería estudié audioperceptiva, composición y armonía.
¿Y cuándo te decidiste a experimentar con otros
instrumentos?
Después de estar trabajando como
baterista. Me enamoré primero de la carimba y luego del berimbao, al que me
dediqué especialmente. Más tarde, cuando empecé a tocar con el Mono Fontana fue la primera vez que me sentí más
percusionista que baterista. A partir de ahí fui tocando menos la batería y al
mismo tiempo seguí estudiando armonía con profesores particulares y en algún
momento decidí estudiar tabla hindú y, al vez, la parte más formal de
composición erudita, armonía moderna, orquestación e instrumentación. El lugar
donde pude estudiar todo eso junto fue una universidad en la cercanía de Los
Angeles en la que estuve un para de años. Cuando volví al país armé Puente
Celeste que fue el grupo donde todo eso se iba a poder junta
¿En algún momento te sentiste limitado con la batería?
Sí. No porque haya aprendido
todo sobre el instrumento sino porque necesitaba escuchar armonías y melodías
que en la batería es mucho más complejo conseguir. Así, me dieron ganas de
pasarme horas estudiando otros instrumentos como la carimba o el berimbao.
Además, con el tiempo empecé a sentirme más compositor y percusionista que
baterista. La batería sirve para tocar músicas que no eran las que sentía más
intuitivamente. Me refiero al rock y al jazz que estaban dejando de ser las
músicas que quería tocar. Mi universo musical interior me llevaba en otra
dirección
¿A esos instrumentos llegaste por la música que escuchabas o
por viajes que hiciste?
El
berimbao lo descubrí en un viaje a Santiago y empecé a tocarlo por mi cuenta.
Después fui a Bahía y lo estudié. La carimba, en cambio, me la regaló una prima
y me encantó
Tocaste con músicos muy diferentes entre sí, como Roberto
Goyeneche, Dino Saluzzi o Alejandro Lerner ¿Qué criterio te lleva a elegir los
artistas con los que tocás?
Ahora tengo la suerte de tocar
exclusivamente lo que elijo porque musicalmente lo necesito hacer, hay muchas
cosas que me gustan pero que no tocaría porque no las necesito. Pero en los
comienzos no es así, casi nadie puede tocar sólo lo que le gusta. Tiene más que
ver con las posibilidades y con quienes uno se va conectando. Por otro lado,
cualquier instrumentista quiere aprender diferentes etilos por una cuestión de
curiosidad. Siento que con cada lenguaje
musical y con cada artista con el que toqué aprendí algo distinto. Sé que lo
que uno es consiste en una combinación determinada de lo que va aprendiendo.
Por otro lado, algunas cosas uno las hace para trabajar. Uno usa su oficio para
ayudar a otro que le paga con dinero (risas). Lo veo de una forma inocente que
hay que preservar. El trabajo no es un mal. No siempre tiene que estar de la
mano exacta de lo que uno haría si fuese el jefe.
Trabajás con música de orígenes muy diversos. En algún
momento estuvo en boga el término world music. ¿Pensás que es una categoría
válida? ¿Tiene algún sentido para vos?
Las palabras son herramientas
para nombrar cosas. Para mí world music no significa mucho ya que todas son
músicas del mundo. Entiendo lo que otras personas ven en ese término como una
herramienta pero no creo que exista una world music. Es como una bolsa que
engloba cosas que a veces no tienen la menor relación. No soy muy amigo de la
homogeneización a nivel cultural o estética, no me parece honesta. Todo intento
de homogeneizar surge de una necesidad comercial, tiene que ver con juntar a
los clientes. Si uno se adapta a un estereotipo ya no sirve para nada. Ése es
un problema de nuestro tiempo
La idea de lo global…
Lo global asociado a la mezcla de todo.
Creo que existe un mundo que nos contienen y hay ciertas cosas que son comunes
a casi todas las culturas pero la conexión con este punto en común no está en
el afuera. En el sello que le ponés o en el lugar en que colocás el disco en
las bateas. Hay algo que nos conecta a todos pero nunca lo vamos a encontrar haciendo
como que nos parecemos para sentirnos hermanos. Somos hermanos en la
diferencia. Lo cual proviene de la raíz que está atada al mismo origen. Desde
ahí somos hermanos pero vamos a lugares distintos… después nos morimos y vamos
al mismo lugar
Cambiando de tema, y llegando a tu presente, con la Bomba de
tiempo practicás composición en tiempo real ¿Podrás ampliar ese concepto?
Hay muchas corrientes de música que valoran
la improvisación y te diría que en cualquier estilo hay improvisación. Componer es organizar los
resultados de la improvisación, por eso, componer en tiempo real no es lo mismo
que improvisar porque incluye una visión alejada del material. Cuando uno
improvisa es un canal para que fluyan una cantidad de cosas que van a la aire o se escriben. La composición implica un
desdoblamiento entre generar el material e improvisarlo en el momento. Componer
es administrar la expectativa que tiene el otro respecto de unos elementos que
le presentas. Organizás esos elementos que surgen de la improvisación de forma tal que generás tensión y
distensión. Hay gente que es muy buena haciendo eso.
¿Quién por ejemplo?
Hermeto Pascual tiene
improvisaciones que no se diferencian en nada de temas compuestos. Sólo te
enterás que está improvisado porque lo dice en el disco. Pero en un grupo
grande donde tos están improvisando pensar en la forma es muy complejo porque
hay muchas ideas presentes. En el caso de La
bomba de tiempo nos ayudamos de un sistema de señas que posibilita manejar,
darle forma al material improvisado. Por eso se habla de componer en tiempo real a diferencia de sólo
improvisar.
¿Este sistema de señas lo creaste vos o ya
existía?
Hay gente que trabaja con señas para
improvisar hace bastante tiempo. Yo conocí a Butch Morris que usa señas no para
improvisar sino en grupos de jazz. Vi un
ensayo suyo y me disparó la idea de trabajar con señas. Entonces inventé
un sistema distinto al que él usa pero con algunas cosas en común con el que
dirigí un grupo de improvisación similar a los de Morris con el que trabajé
tres años. Luego pensé en un grupo de en un grupo de improvisación con un
sistema de señas pero enfocado en la idea de lo bailable, del ritmo como un
elemento que conecta con el cuerpo
En la actualidad hay varios grupos de
percusión en la Argentina ¿Pudiste ver a
alguno de ellos?
La verdad es que no. Siendo
músico casi no tengo tiempo de escuchar música. Es muy raro que vaya a ver
shows pero por lo que vi en general los grupos de percusión acá están
relacionados con los grupos de estudio que tocan un estilo determinado: ritmos
ururguayos, brasileños, etc. Sé que hay gente que lo hace con seriedad y me
parece muy valioso como trabajo porque durante años la profesión fue denigrada
como si ser músico fuese tocar el violín y el saxo y no la batería o la
percusión. Eso por suerte se está curando. Pero no vi grupos de percusión para
bailar que estén generando algo genuino. Sí hay grupos interesantes de
percusión erudita.
¿A cuáles de todos tus proyectos estás más abocado en el
presente?
La bomba de tiempo es como un instrumento en si y es el
que me interesa estudiar ahora. Además,
estamos grabando un disco con Puente
Celeste (que va a ser básicamente de canciones y muy distinto a nuestro
material anterior). A la vez, estoy preparando un show solista usando
percusión, instrumentos melódicos, vientos, bajos y electrónica. Como una
especie de hombre orquesta un poco raro.
Estando en tres proyectos tan diferentes entre sí ¿Encontrás
algún denominador común entre ellos?
Lo que los une es que cada uno me
cubre distintas necesidades y a la vez es lo que los diferencia. En Puente Celeste se trabaja más con canciones, armonía, con un grupo de cámara con
mucha libertad. La Bomba de tiempo es un grupo muy grande
enfocado en el ritmo. En la música no creo en la monogamia. Si tenés muchas
necesidades distintas no es justo achacarlas todas al mismo proyecto Sobre todo
cuando esos proyectos incluyen a muchas personas.
Y tu proyecto solista está más cerca de Puente Celeste o de
La bomba de tiempo?
Tal vez ahí se combinan cosas de ambos.
¿Qué
es el club del disco?
Es un proyecto que selecciona
música muy especial a la que es difícil
acceder. Pienso que es una herramienta muy interesante para que el público y
los músicos se conozcan.
Otro proyecto paralelo que quiero mencionar es la escuela de música de La bomba de tiempo que se inauguró hace poco con la idea de divulgar este sistema de señas y abrirlo como un lenguaje que puede tener muchos usos. Son señas que hablando de conceptos musicales y por eso son tan ricas. Cuando vi a Morris se me ocurrió algo muy distinto pero el concepto en sí germina. Es una herramienta que seguro le va a disparar diferentes ideas musicales a otras personas.
La Bomba de Tiempo estará retomando sus presentaciones en la Ciudad Cultural Konex a partir del 9 de julio.
A mediadios de junio estará listo su disco, grabado en vivo.
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Fotos por Natalia Toloza.

