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Lisandro Aristimuño
Con “39º”, su último disco, el rionegrino no deja dudas sobre su buen momento artístico. Antes de una nueva presentación del álbum este sábado 7, charló con VZ.
¿Es en este disco que tenés mayor influencia de Buenos Aires?
En realidad ya hace un tiempo que estoy acá, entonces al hacer música a uno le sale lo que ve, lo que mira, lo que tiene a su alrededor. Es verdad que yo ya estoy más acostumbrado a la ciudad, quizás por ahí en algunos aspectos sonoros… Los timbres un poco tienen como esa búsqueda de encontrar sonidos urbanos y plasmarlos. Pero me parece que mi raíz y mis cosas son del interior. No cambian y tampoco quiero cambiarlas.
¿Qué música escuchaban en tu casa cuando eras chico?
Cuando era más chico escuchaba la misma música que ahora. En mi casa había mucho folklore, pero también había de todo. Básicamente el folklore lo agarré de ahí; mi viejo lo escuchaba. Él tenía mucho folklore latinoamericano, no sólo argentino, sino también de Chile, Cuba, Brasil. Estaban Violeta Parra, Chavela Vargas, Inti-Llimani, Quilapayún, Silvio Rodríguez y toda la trova, Pablo Milanés al lado de Los Beatles y Harry Belafonte.
¿Cuál fue el primer disco de rock que te pegó?
A mí me gusta toda la música, no hubo algo que me haya hecho clic. La música en sí fue lo primero que me atrajo de bebé, yo no sé si puedo decir: el rock es el rock, el folk es el folk… para mí Violeta Parra es como Björk. Escuchar cantar a Chavela Vargas “La llorona” es lo mismo que escuchar a Janis Joplin. No creo en los estilos, tampoco en los géneros.
¿Qué te importa más, las canciones o los discos?
Más que nada lo que me importa es el concepto de la música, no el género ni el estilo, sino la idea que quiere transmitir el músico o banda.
Lo que quiere trasmitir…
Sí, eso y el concepto en general: como cuida su imagen, no en el sentido de su imagen de lookeado sino la imagen del concepto general de la obra, de las tapas, de los discos, todo eso me parece la imagen. Me resulta muy interesante.
Ya que estas diciendo esto. ¿Qué pasa con el MP3 con esto de las tapas de los discos y la imagen?
Yo te digo mi caso. Yo me bajo mucha música, muchísima. Primero, porque estoy a favor de Internet y todo lo que esta pasando. Me bajo mucha música porque no se edita acá en Argentina. Y si tengo un medio que me permita hacerlo y eso me hace feliz, lo hago. Sí, intento conseguir los discos originales que me gustaron mucho, aprovecho cuando viaja algún amigo, porque me gusta la idea de tenerlos. Igual si ya te ponés a hilar más fino, lo que me gusta del MP3 es que lo que habla ahí es sólo la música. Si te gusta, te pones a ver que onda el chabón, qué hace, cómo es la tapa, te ponés a investigar. Pero lo primero que te llega es la música, la canción.
Si hay algo que te gusta, ¿investigás para saber cuán autentico es en lo que hace ese artista?
Sí, investigo. Quiero saber quién es, porque me interesa eso del concepto: de dónde salen las canciones, de qué territorio, de qué barrio, de qué ambiente…
¿Qué es lo último que te bajaste?
Bajé una banda que se llama Ellos, pero es uno de esos nombres raros para una banda. Me gustan mucho Sigur Rós, Mum, todas bandas de Islandia no tan rockeras, más tranqui. Creo que tienen un parentesco con la Patagonia por el territorio, el ambiente. Cuando escuché a Sigur Rós me sentí muy identificado con lo que hacen, es muy parecida la forma de transmitir. Me gustaría hacer un viaje a Islandia, conocer más.
Ahora hay un auge de solistas. ¿A qué atribuís este fenómeno?
Tengo una teoría: a partir de Cromañón y la limitación de tocar, muchos lugares fueron inhabilitados y muchas bandas debieron suspender sus tocadas. Así el cantante o alguno de sus integrantes empezaron a presentarse con su guitarrita, en un formato más reducido y se abrieron otras puertas y posibilidades de llegar al público.
¿A qué refiere el título del disco, “39º”?
Es como un tipo que está en la Tierra y de repente empieza a delirar, la sensación de fiebre. Por eso 39°, sobre todo porque estoy muy interesado en el tema de la fiebre y los sueños, el inconsciente humano. Eso que sale de los sueños o de un estado de fiebre me parece tan natural, incluso no necesitas ninguna droga. En el disco quise decir eso de la parte que no sabes qué mierda esta pasando.
¿Cómo te encontró este disco?
Sobre todo más tranquilo y más afianzado. Los primeros dos discos fueron como una transición, aunque para mí este disco cierra una trilogía. Tranquilamente podrían haber salido los tres en una cajita. A su vez para cada disco quise algo diferente, otros elementos, pero es verdad que siguen una línea conceptual. “Azules Turquesas” tiene mucho que ver con el chico que llega del interior y empieza a acordarse de la naturaleza de su lugar. Ya en el segundo, “Ese asunto de la ventana”, con la nostalgia de la ciudad, el gris y todo eso desde la ventana al chabón le agarra fobia y le cuesta salir. Y este es como el cierre, el pibe que entendió un poco cómo es todo y encontró la forma de sacarle cosas artísticas a este caos.
Cuando sacas un disco que sábes que va a tener difusión y cierta repercusión, y que hasta te pueden pasar en FM100, ¿Te tienta eso? ¿Te cuidás de lo que vas a decir?
No, no pienso en eso, sólo pienso en las personas a las que les interesan otras cosas. A la hora de componer pienso en la persona sensible, que le interesan más las cosas del amor, del corazón, los que son más frágiles o que no se hacen los boludos con lo que está pasando, que se ponen tristes, que lloran… No sé si la gente que escucha FM100 es la que me interesa. A la hora de componer no pienso en la recepción mental, pienso en la recepción del alma.

