Entrevistas
Los Alamos
Tras casi tres años de silencio, los hijos pródigos del folk-rock-country-space, reanudan ese stand by que los tuvo embotados. Los Álamos ya son una realidad. La fiesta está servida.

Entre las arterias de Malabia y Av. Córdoba, una sala de ensayo devuelve reverberancias y las estrella contra las débilmente acustizadas paredes. Es domingo por la tarde. El fútbol gana la poll position y la recreación al aire libre va acaeciendo con los cálidos azotes del sol. En una de las salas, unos púberes proto punks se desgañitan entre covers de Ramones, 2 Minutos y Sumo. Muy tímidamente, entre tema y tema, murmuran melodías que parecen extirpadas de un Spaghetti Western de Ennio Morricone. Súbitamente, estepas áridas y páramos campestres se dibujan en el imaginario. Parecen revivir un momento que quedó suspendido en el tiempo, y que desempolvadas cobran un nuevo sentido. Los Álamos están de vuelta tras un impasse de tres años. El gigante dormido se despertó de una larga siesta. Es hora de ajustarse las botas y el cinturón.
“Desde diciembre que sé que iba a venir, que Poli me mandó un mail con un pasaje, bueno… estoy super excitado. Primero estaba super excitado y re a full. Es más: la última semana casi no dormí; dormí re poquito. Así que nada, re nervioso pero hiper emocionado. O sea, más allá de la banda, volver acá y ver a mis amigos y estar en la sala de ensayo y todo eso… Allá no armé ninguna banda, toco solo. Toco con mi mujer, que es una banda de hace años, pero que ensayamos en casa. Pero el contacto de estar en una banda hace cuatro años que no lo hago. Así que bueno, mucha satisfacción”, se confiesa Peter, el exiliado cantante y guitarrista y vuelto a ser llamado profeta en su tierra. Así, sin pensarlo mucho, esa caterva de gauchos punks reavivó la extinguida llama del grupo que menoscabo la escena vernácula a mediados de la década del 2000. Joaquín (batería), Jonah (mandolina, armónica), Gavilán (trompeta), Pico (bajo) y Poli (guitarra), impulsados por el motor nostálgico que les generó ver el documental que se exhibe actualmente en el BAFICI, decidieron reanudar esa pausa que vagueaba en el horizonte.
¿Cuándo nace la idea de reanudar el proyecto?
Joaquín: En noviembre del año pasado nos juntamos con el resto de los chicos en la casa del director del documental (Francisco Forbes) para ver cómo había quedado la versión final. Fuimos todos a verla y quedamos como sensibilizados y, al día siguiente, dos, tres días después, empezamos a madurar la posibilidad de volver a tocar juntos. Al mismo tiempo, Peter vio el documental en Francia y se quedó con la misma impresión; nos comunicamos y decidimos volver a fusionarnos para tocar.
Si bien ustedes continuaron con diferentes proyectos, Val Veneto, Springlizard y Modular, siguieron en constante movimiento y generando cosas, ¿tuvieron que resignar algo de ello o simplemente ni lo pensaron?
Jonah: No, además como lo planeamos con tanto tiempo de anticipación, las fechas que nos ofrecían ahora tranquilamente podían convivir con el proyecto de Peter. Y eso, con tanto tiempo de anticipación sale como más prolijito todo.
Joaquín: Cuando pensamos en que Peter venía para tocar, dijimos, bueno…
Jonah: Tenemos un mes, ¿qué hacemos?
Joaquín: Claro. Lo hablamos y dijimos bueno: vamos a hablar con los amigos y vamos a viajar. Lo de girar por Brasil salió hace muy poquito pero siempre existió como posibilidad, y lo de Chile también, aunque eso ya estaba como bastante cocinado.

¿Piensan que influyeron directamente o indirectamente en la escena de aquella época con su propuesta?
Pico: Me parece que a diferencia de, no sé, cinco o diez años atrás, no se está dando ese fenómeno de las escenas. Para mí lo que hace la escena es llamar la atención y el interés del público, porque si se identifica o se mimetiza con algo, bueno, ya está en cada una. A mí tampoco me cabe el estereotipo de una escena, pero creo que está bueno para fomentar nuevas ideas; incluso en la gente ¡o los mismos pibes que tocan!
Poli: Yo me acuerdo del principio. Cuando recién empezamos con Los Álamos todavía no nos habían encasillado demasiado y como que no encontraban el lugarcito. El público que venía eran punks, rockabillys, garageros, chabones medios indies con un cocoliche terrible…
Peter: Gente que venía del hardcore que ya nos conocía a nosotros, gente universitaria que capaz no tenía nada que ver.
Poli: ¡O viejos que nos compraban discos!
¿Y por qué vuelven Los Álamos?
Poli: Vuelve porque teníamos ganas de volver. No sé si hay demasiadas vueltas que darle.
Pico: En realidad, nunca nos separamos, tampoco.
Poli: Fue una causa mayor. Hubo una situación geográfica que nos impidió estar juntos, pero bueno, en cuanto encontramos la posibilidad de estar juntos, volvimos a juntarnos y tocamos; no es que nos separamos. Estamos geográficamente distanciados pero, no sé, seguimos juntos.
Joaquín: Igual nosotros no nos juntamos con la idea reivindicar el género o bajar línea ni tampoco decir: “a ver, chicos, nosotros volvemos a tocar porque todo esto es una cagada”. No va por ahí; ni a ganchos. En nuestro caso particular, nosotros no es que nos cagamos a trompadas y nos separamos. Estábamos tocando, Peter se casó, decidió irse, pero nosotros no decidimos terminar como banda, entonces eso como que deja la puerta abierta a que puedan pasar este tipo de cosa. ¡No era un proyecto enterrado y que ahora revivió! Que igual, está bien eso.