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Me Darás Mil Hijos
Esta noche el frío y la llovizna no tienen piedad en Buenos Aires. En medio de este clima nostálgico, un bar cerca de Callao y Corrientes parece el lugar predilecto para conversar con Mariano Fernández.
Ese hombre de pocas palabras y mirada firme que pone su voz y sus textos al servicio de esa orquesta tan porteña y melancólica llamada Me darás mil hijos.
“Aire”el disco que acaban de editar, está grabado en vivo ¿Qué los atrae de esa forma de trabajar en tiempos en donde la tecnología permite tantas posibilidades de manipulación de las grabaciones?
En los discos anteriores nos faltaba algo que el grupo tenía en vivo y no lográbamos terminar de plasmarlo. Esta vez estamos muy conformes con la fuerza del material, salió con un swing y un groove muy fuerte. Le encontramos la vuelta. Intuyo que ésta es la manera en que seguiremos grabando.
Siguiendo con el tema de tocar en vivo. Musicalizaron las presentaciones de la obra “Juan Moreira-Una leyenda argentina” que protagonizó Juan Palomino ¿Cómo fue esa experiencia?
Fue rarísima, era como que llegaba el circo al pueblo. Eramos mas de 60 con los actores, había caballos en escena y nosotros estabamos en un escenario al costado y era como musicalizar una peli en vivo, la obra duraba dos horas y hacíamos música incidental. Se pasaban en una pantalla partes filmadas que hizo la gente de Farsa que son muy grossos. . Hicimos diez pueblos de la provincia, algunos chicos y otros grandes como Olavarría. Fue raro lo que tocamos, no era una música especialmente folclórica para Moreira. La obra tenia una puesta casi de circo criollo Justamente lo que veníamos a hacer era romper toda esa estructura bastante clásica. Hicimos incluso una pericón tocado a lo Mil hijos para que baile la gente en cada pueblo. Fue muy divertido.
Nos sirvió mucho obligarnos a estar tanto tiempo juntos para luego encarar el disco en vivo. De ahí salió el germen.
¿Cómo surgió la necesidad de sumar integrantes y convertirse en una orquesta?
Fue un proceso evolutivo del grupo y de invitados que se fueron quedando. Fue una etapa que devino en este disco que tiene un concepto más orquestal donde el grupo somos todos y hay un aporte muy parejo de cada uno. Inclusive los caños también se comprometieron y ellos propusieron muchos arreglos. Eso creció mucho respecto del disco anterior donde ellos cumplían un papel más de invitados. Fue la evolución de laburar varios años con el mismo grupo de gente.
Escuchando el nuevo disco, me impactó mucho la canción “Perro viejo” ¿Qué podés contar sobre esa composición?
Esa canción nace de una base armónica que había armado Gustavo Semmartín (uno de los guitarristas) desde el disco anterior y a mí me costaba mucho encontrarle una melodía. Un día apareció, se hizo un pequeño cambio de armonía y me encontré con esa imagen del perro en el microcentro que tiene una cierta melancolía, algo muy oscuro y urbano. El ambiente de ese tema me llevó a esa imagen y a partir de ahí fue saliendo
Hay una frase inquietante en ese tema “El mejor recuerdo es el después”
Cómo que no hay nada bueno (risas). La intención era hablar de un vencido, un doblado. No hay nada memorable salvo lo que viene.
Como en tantas de las composiciones de Me Darás mil hijos, hay una atmósfera tanguera sobrevolando ese tema. ¿Cuál es tu relación personal con el tango?
Me alucina. Nunca me propuse escribir tango porque le tengo extremado respeto, sobre todo a la poesía tanguera. Al escribir esa letra no pensaba en un tango, me salió así. Tiene que ver con mi situación inevitablemente porteña. Escucho mucho tango y estoy tratando de aprender a cantarlo, es difícil.
¿Dentro del tango que cantores te interesan en especial?
Gardel, Rivero, Goyeneche viejo (como cantante era tan groso como Gardel, es de los que más me gustan , técnicamente era increíble, hacía lo que quería). Zitarrosa que no es tango en particular pero es un referente fuertísimo, aun con sus intentos de hacer tango que son lindos. Ya que hablábamos de letras y cantantes, él manejaba una cosa muy tanguera.
Los críticos suelen hablar de romanticismo al referirse a tus letras. ¿Te sentís cómodo con el término?
Sí. Hay un romanticismo en lo que hago. ¿Por qué me jodería la palabra? Si me ponés de ejemplo a Luis Miguel se va todo a la mierda, depende con que ligues el concepto. Yo soy un romántico y creo en eso, en sentimientos extremos, sensibilidades fuertes. Soy un ser inestablemente sensible y me reconozco como tal.
En sus comienzos había un concepto musical más dark y ahora parecen estar haciendo temas algo más festivos. ¿Cómo se produjo ese cambio?
Hubo una búsqueda. Fue un proceso lento, en el primer disco eran tres guitarras criollas y un contrabajo y las canciones eran más darks. Personalmente me pasaron muchas cosas en el medio, la más importante fue el nacimiento de mi hija. En cuanto a la banda, lo de levantar y agitar se fue dando de a poco en lugares como el Tasso, donde la onda parecía medio una peña. Esta bueno generar esa empatía, ver a la gente contenta es re lindo. Nos empezó a gustar más ese lugar. Ahora hay cierta melancolía sin tragedia. No todo tiene que ser tan trágico. Extrañar medio borracho a veces es una sensación maravillosa. Sentirse vivo. En las letras hay una idea de obligarme a escribir sobre cosas más chiquitas y sobre lo lindo, sobre el estar bien que siempre me fue más difícil que escribir algo dark y casi melodramático. Estoy aprendiendo, son etapas, no sé que viene después.
En paralelo con este cambio musical, en la actitud de la banda con el público en los shows actuales hay una suerte de invitación al baile. ¿En los primeros recitales que dieron también era distinta la relación con la gente?
Probablemente. Cuando empezamos yo todavía no hacia tanto pie sobre el escenario. Ahora nos es cálido ese lugar, estar sobre el escenario es el mejor lugar imaginable. No podría contestarte objetivamente desde dónde miraba la historia en esa época. Ahora siento que me puedo comunicar con la gente, antes era mucho más introvertido, recatado y conflictuado.
¿Sufrías un poco sobre el escenario?
Sufría bastante (risas). Hasta que cuando tocamos con Goran (había 5000 personas y estaba con un re cagazo) me puse contra la pared a mí mismo y me dije: “si no disfrutás acá dedicate a otra cosa” y ahí empecé a ver el lado más disfrutable. Me pone más nervioso que haya poca gente que cuando hay mucha. Si toco para siete empiezo a transpirar (risas)
¿Qué imágenes les quedaron de aquel recital con Goran Bregovic?
Ese show fue adrenalina pura. Casi no pudimos probar sonido y yo la batería la tenía a 20 metros. El sonido era un quilombo, no escuchábamos nada pero fuimos para adelante y salió bárbaro. Estuvo lejísimo de ser una buena performance pero fue muy copado. A la gente le gusto y un montón se compraron discos. Fue una de las cosas que nos hizo tirar para adelante. Cuando bajé del escenario, Goran estaba ahí, me abrazó y me dijo que lo había disfrutado como uno más. Yo temblaba, no entendía nada y cuando llegué al camarín alguien me explicó qué me había dicho. Fue un flash.

