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Zeta Bosio (Nota extraída de VZMAG Junio)
Días antes que se anunciara el regreso de Soda Stereo, VZ dialogó con su bajista sobre sus proyectos personales como empresario discográfico, DJ y colaborador de Catupecu Machu, además de oficiar de conductor de “Personal en vivo: Rock road”.
(Fotos: Gabi Cano para VZMAG)
La actualidad musical de los ex integrantes de Soda Stereo los tiene de protagonistas, es decir, intérpretes, como lo fueron al momento de juntarse y armar uno de los tríos más exitosos de rock argentino: Gustavo Cerati sigue con su proyección solista, Charly Alberti armó Mole y, sorpresivamente, Zeta Bosio volvió a tocar el bajo en Catupecu Machu y a oficiar de DJ. Tras la separación de Soda, Cerati fue quien más se mantuvo por los escenarios, mientras Alberti se embarcaba en proyectos empresariales.
¿Y Zeta?
Fueron años que me tomé para estar con mi familia, tuve un hijo en ese lapso y quise disfrutarlo como no había podido hacerlo con los otros. Se me abría una puerta rarísima, porque Soda ocupaba el 80% de mi vida… Me tomé un tiempo para pensar y empezar casi de cero, en un proyecto que al principio fue parecido a lo que terminó siendo My Space. Era una especie de club de bandas a través de internet, en donde a través de un estándar de páginas empezaban a participar entre ellas, a proponerse cosas y a hacer un intercambio. Una especie de sala de ensayo pero virtual.
¿Eso fue la génesis de Proyecto Under?
Sí. Trabajé mucho en pos de imponer el nombre y la marca y después terminé retirándome porque me costaba imponer mi estilo de trabajo. Ahí me largué con Alerta! Discos, que era la parte más romántica del proyecto. Yo venía de estar en Sony, fue un año de experiencia que me permitió entender mucho lo que pasaba en el mercado. Evalué que uno de los problemas básicos es el de la piratería, el tipo que vende a $5 en el tren discos copiados en su casa… Y no deja de ser fantástico ese sistema de distribución. Es decir, hay muchas posibilidades en este medio y me propuse hacer quilombo y ver qué podía pasar en un negocio que está cambiando de forma. Pero en este proyecto la brújula un día te marca el norte y al otro el sur, mientras tanto aprendemos. Yo te diría que fue buenísima la experiencia, ya estamos instalados, ahora estamos estudiando y trabajando mucho en lo que es la venta por internet, haciendo alianzas estratégicas, porque creo que es el momento para eso. El CD es un medio de traspaso, se copia, se borra, se copia, se raya, se pierde… La música está en otro lado, ya no está más ahí.
¿Cómo fue haber trabajado en Sony?
Fue una experiencia interesante por el lado del aprendizaje, de conocer un poco la realidad de la industria en ese momento. Por otro lado, con Proyecto Under traté de acercarme a las bandas, ver cuál era su problemática. Hoy en día una banda ya es parte del mercado: en todos los cursos del colegio hay una o dos bandas, hay kiosquitos en cada barrio donde se venden cuerdas, guitarras… Antes vos lo querías sacar a tu hijo de eso, no lo querías meter. Esa era un poco la propuesta de Proyecto Under, y que pudiera funcionar. Me acerqué a los problemas, los traté de visualizar y traté de meterme. Desde Alerta! tuvimos un par de reveses con las bandas, sobre todo por el lado que yo menos imaginaba.
¿A qué te referís?
Hay una máxima: vos agarrás una banda que junta 20 personas y la proyectás a que junte 500; cuando las junte, vas a empezar a tener problemas en la relación con esa banda. Hay un momento en que, si lo pasás, vas a seguir laburando fenómeno. No muchas bandas están preparadas para pasarlo.
Los que fracasan al triunfar.
Es como un triunfo precoz, una especie de enfermedad de la cabeza, de ver espejismos, porque, obviamente, todo es muy rápido… Aprendimos de eso. Ahora la cosa la hacemos más escalonada, antes yo no sabía cual era el huevo y la gallina, ahora sé qué viene primero y qué después. Te puedo decir que con la experiencia sé cómo manejarme para no salir maltrecho yo y para que también le sirva a la banda, porque con todas las que empezamos y tuvimos que cortar estábamos haciendo un trabajo bueno que ellas no lo supieron ver. En un momento me harté y dije “salgo a la cancha… vamos a hacer televisión”. Tuvimos un par de reuniones y armamos con “Rock Road”, cuya idea es buscar música, informarse. Es un rock movie documental, inclusive ya podemos decir que creamos un género, porque rock movie documental no sé si existe (risas). Lo hicimos para la pantalla de Much Music, pero lo están pasando en Estados Unidos y Latinoamérica. Es distinto a lo que venía haciendo, igual siempre es comunicación y mis ganas de compartir música, porque lo que hago como DJ es eso también. Desde Proyecto Under vengo con ganas de ser la pantalla de música poco difundida. Cuando estuve en Sony vi que las cinco grandes compañías acaparan los grandes medios y uno termina escuchando siempre lo mismo.
¿Qué hay de tu proyecto solista?
Empecé a pasar música. Viajando vi que en los escenarios principales estaba todo lo tradicional, mientras que en las carpas había mucha vanguardia, con pibes haciendo un quilombo de sonido y todos bailando muy locos. Empecé a escuchar a 2 Many DJ’s, con ese mash up que hacen con una calidad impresionante, como un show en vivo, tienen la energía de una banda tocando. Aparte se armó una escena atrás de eso, y como es muy rockero, empiezan a salir bandas a tocar de vuelta a la pista, editados por sellos chicos… Todo lo que está pasando ahora me encantó, es como una cosa electro que tiene mucho que ver con el espíritu new wave, de hecho se los llama new rave, porque tiene mucho que ver con eso, como las chiquitas de Le Tigre o Gossip. Esas cosas me gustan mucho más que Roger Waters haciendo “El lado oscuro de la Luna”, que también me encanta, pero me recuerda cuando iba a la casa de mi amigo con mis discos, y pienso que hasta por ahí me crece el pelo (risas).
Tu proyecto solista es de DJ.
Sí. Primero me informé y aprendí, y después empecé a trabajar. Hice residencias en Peteco’s, donde podía experimentar. La idea es que no se me caiga la pista, que explote. Estoy cada vez más agrandado, más entusiasmado…
¿Seguís yendo a pasar música?
Ahora la corté, porque además era muy sacrificado, era de 3 a 7 pero lo hice unos cuantos sábados: terminaba el programa de radio e iba para allá. Además ahora me voy a Colombia a tocar, después me voy a Dominicana, también hay una gira por Estados Unidos que se está armando. Mirá, cuando Fer (Ruiz Díaz) me llamó para tocar con Catupecu yo estaba en Ibiza, en una fiestita privada alrededor de una pileta, con una computadora, unos parlantes, tragos y amigos, esperando que se hiciera de noche. Ya tenía todo armado para volver a Buenos Aires y ponerme a laburar de esto, conseguir un par de bandejas, empezar a practicar. Y acepté lo de Catupecu: al principio tuve que sacar los temas y ensayar, ponerme a ritmo de la banda. Me encanta tocar en una banda y voy a seguir con ellos. Estamos esperando que vuelva Gaby, pero la banda está.
También fuiste productor artístico de bandas. En el momento de producir un grupo nuevo, como lo fue el debut de Peligrosos Gorriones, o el de Aguirre (de los ex-Virus Marcelo Moura y Mario Serra), ¿te dabas cuenta si el grupo iba a llegar a ser importante? Porque el debut de los Gorriones es recordado como parte de la renovación del rock argentino, en cambio Aguirre pasó sin pena ni gloria.
Aguirre fue un proyecto que lo agarré más que nada por el lado de la amistad que tenía con los chicos, de la jugada que estaban haciendo, porque los dos son amigos, compartimos muchos escenarios con Virus en los ’80, y Federico Moura produjo nuestro primer disco. Ellos estaban encarando una nueva etapa, era como el primer Divididos pero surgido de Virus. Me vinieron a ver con los temas y tenían un poco de quilombo, no sabían para dónde agarrar. En ese momento tenía el estudio, un poco de tiempo libre y lo mío fue más que nada ordenar la data que traían, salvo un par de temas que los cambié radicalmente y funcionó. Por ejemplo “El camión” me acuerdo que vino con otro formato y les dije que necesita un bajo grabado en vivo. Improvisé ahí y me dijeron “Grabalo vos” y quedó. Y al final fue el corte, era una cosa rara. Me gustaba el cantante (Pablo Tapia), con una voz muy rea, grosera. Y los Gorriones venían con mucha presión de querer hacer el primer disco, rompiendo todo en La Plata. Era una buena banda, ideal para ese momento porque se escuchaba esa música, Jane’s Addiction, Nirvana… Es un disco que se grabó con un solo equipo de guitarra que estaba roto y no podíamos conseguir otro porque no daba la producción, yo no tenía equipo. Con el ingeniero, Eduardo Bergallo, hablábamos mucho de Bochatón, de las letras, de su personalidad que llamaba mucho la atención. La banda estaba muy buena, tenía un equilibrio bastante interesante. Lamentablemente en ese momento la locura no la pudieron manejar… Me citaste el mejor ejemplo de lo que te dije antes de lo que no se puede manejar. En Inglaterra por ahí la banda se disuelve rápido, pero antes pegó un éxito que vendió 20 millones de discos. Acá es tanta la ansiedad por conseguir algo que cuando lo consiguen se creen que llegaron al cielo, pero es el primer escalón.
¿Viste alguna banda que puedas mencionar como el nuevo “fenómeno” del rock argentino?
A mí me parece que es Catupecu. Tiene un cóctel interesantísimo de experiencia que van acumulando, de experimentación y de originalidad. Hoy por hoy cuesta sonar así, y eso es importante: el rock con una nariz grande es más lindo que una nariz respingada. Después, nuevas-nuevas… la camada nueva está jodida porque no hay escena. No te puedo nombrar mucho. No hay quien venga detrás de Babasónicos, salvo escopetazos esporádicos de las discográficas que no sé si terminan felices, como el caso de Airbag, que no es ni buena ni mala banda, pero que entra en todo un juego de comunicación donde el producto lleva el ciclo de vida cumplido desde el momento de su lanzamiento… No hay escena, no hay medios. Yo vengo de Inglaterra y los medios especializados entienden que tienen que cuidar un poco más el negocio. Hoy a las bandas nuevas las pasan en la sección “demos”. Yo todavía no lo hago en mi programa de radio (Keep Rockin’, FM Rock&Pop), pero tengo ganas de hacerlo. Primero tengo que lograr un lugar de prestigio y después empezar a poner la música, sin que se note. Porque hay grupos de acá que podés pasarlos en cualquier playlist con grupos de afuera y no se nota.
¿Qué diferencias hay entre la escena actual que vos decís que prácticamente no existe con la de los ’80?
Para mí hoy tenés una banda porque te divierte tenerla, porque tenés posibilidad de tenerla, porque es muy caro mantenerla. Es como un hobby: te dedicás a otra cosa y en vez de tener tu equipo de fútbol 5, tenés una banda. Y si tenés talento, si la combinación de personalidades logra algo interesante y si se mueven con alguien bien, pueden crecer. Más si hay una escena que ayuda, como la del reggae por ejemplo… Si la escena no estuviera como está por Los Cafres u otras bandas, el 90% de esos grupos tendrían que tocar otro estilo. Para mí el objetivo de la banda es tenerla: juntarte los fines de semana a celebrar la música. Buscás un escenario y tratás de mostrarlo porque es parte del juego, si no ¿para qué tenés una banda? Pero después de ahí para adelante, si hoy en día le metés la presión de que tenés que comer… yo te diría que busques otra cosa.
En septiembre se cumplen diez años de la disolución de Soda. ¿Por qué tendría que reunirse Soda Stereo?
Lo que llama la atención es la vigencia: que vaya a una discoteca del interior y escuche que están pasando la versión original de “Persiana Americana” y que la gente explote. Es como si estuvieran bailando un clásico, como si fuera “New York, New Cork”. Yo creo que eso es lo que genera tanta expectativa. Y diez años tiene un valor sobre todo para la marca (risas). Pero para la gente también, porque vos te acordás cada tanto de algo y decís “Uy, pasaron diez años”. He visto a muchos jóvenes que heredaron el cariño a la banda a través de los discos, de Internet, sin que nadie mediara, porque realmente la compañía no tenía por qué. Nadie hizo campaña por Soda Stereo, nadie va a sacar un disco porque pasaron diez años de la separación. Salió un DVD porque era un producto que se quería vender, lo pusieron en la batea y fue el que más vendió sin ningún tipo de campaña. Entonces siempre fue una cosa muy deseada. Siempre fue muy fácil trabajar con Soda, no sé por qué. Íbamos a tocar a Quilmes y le llenabas el boliche al tipo. Y eso te daba un poder para negociar, para la segunda o tercera vez que ibas pedirle un poco más, un micro para llegar… y eso te daba la fuerza para crecer mientras al tipo le llenabas el boliche. Eso fue fantástico siempre. Yo creo que no hay muchas bandas que sean así.
¿Te seduce la idea de que se puedan reunir?
En realidad, la separación del grupo fue un hecho voluntario y deseado, queríamos separarnos. A la gallina de los huevos de oro no es que la maltratás o la herís, si la tenés que matar la matás y chau porque no da más, porque en el balance era más lo que estábamos dejando en el camino que lo que nos estaba dando. Entonces cuando lo hicimos, lo hicimos convencidos. Y con la distancia que te da el paso del tiempo empezás a tranquilizarte. Hay una cosa que me hace reflexionar mucho, cuando le veo la cara a la gente en los conciertos de rock… Mi viejo me decía “andá a laburar”, y entonces quedó la ficha de que uno laburaba con la joda, porque uno es un tipo divertido y le gustó encarar la vida así. Y entonces le quitás un poco de valor a lo que hacés. Y sin embargo, cuando ves esas caras, esa felicidad que se produce en un concierto, la tensión, la relajación, cuando ves que ahí el tipo se olvidó de todos sus quilombos… O cuando alguien tiene una historia y el grupo lo acompaña y lo ayuda a sobrevivir esa situación, como algo espiritual. Entonces ahí sabés que en realidad en la sociedad vos te podés ganar la vida de muchas formas: vos te la ganás escribiendo, hay gente que se la gana vendiendo armas, hay gente que se la gana armando quilombos, o con los quilombos que arman otros. Hay muchas formas de ganarse la vida y decidir. Cada uno tiene su rol. Y lo nuestro es bárbaro, es casi como algo espiritual, chamánico, algo curativo que sirve para superar toda esa mierda que se genera todo el tiempo en la vida. Y no muchas bandas logran ese milagro tan groso, porque un estadio lleno de gente es una manifestación en este mundo de mierda.
Entonces estaría buena la reunión.
Estaría bueno, claro que sí.

